Un cuento de miedo
El 1 de octubre de 1933, en el Bueckeberg, a las afueras de una famosa ciudad alemana, tuvo lugar el primer festival de la cosecha del Reich. Medio millón de personas asistió a una celebración que escenificaba el agrarismo de la ideologÃa völkisch y del nazismo, el Blut und Boden. Escribe Adam Tooze en The wages of destruction:
Cientos de trenes de todas las comunidades rurales de la llanura del norte de Alemania convergieron a lo largo del dÃa, llevando delegaciones campesinas por millares, muchas enfundadas en sus trajes regionales. La mayorÃa del público acudió por propia voluntad, tentada por la perspectiva de pasar un dÃa de campo y la posibilidad de ver a su Führer en carne y hueso. Pero los celosos burócratas del partido hicieron todo lo posible para asegurar que el acontecimiento fuese un éxito. Según un coordinador regional del área de Hannover, “sólo deberÃan quedarse en casa los tullidos, débiles, perezosos e indiferentes, asà como los elementos hostiles al Estado”. La enorme masa de gente que salÃa de las estaciones (…) marchaba en columnas de seis por pasillos acordonados a cada lado por SA, Reichswehr y hombres del Frente Alemán del Trabajo de uniforme. Desde arriba se difundÃan instrucciones por altavoces montados en globos de observación del Reichswehr anclados en puntos estratégicos del recorrido. (…) Los primeros en llegar esperaron horas en las laderas contemplando las columnas serpentear sin fin desde el valle, aguardando a Hitler. (…) Mientras Hitler avanzaba triunfante hasta la cima del Bueckeberg, la multitud se arremolinó frenéticamente en torno a él. Las fotografÃas indican que, a diferencia de los mÃtines de Núremberg de años posteriores, se permitió a los campesinos acercarse lo bastante a Hitler para tocarlo. Docenas de niños salieron delante de su comitiva portando guirnaldas. Se tardó casi una hora en recorrer los últimos seiscientos metros del camino de Hitler hasta la tribuna de oradores. En todo momento, las bandas del Reichswehr congregadas atronaron con la Badenweiler Marsch, intercalada con Sieg Heils extáticos de la multitud.
Cuando Hitler llegó a la tribuna, le saludó una fanfarria seguida de veintiuna salvas de una baterÃa de cañones. ¿El nombre de la ciudad? HamelÃn.
Categories: History, Quotes
Written By: J

Wednesday March 7th, 2007 at 12:33 PM
Tu, la Alianza de Mamones y yo, hoy pensamos en lo mismo me da la impresión.
Wednesday March 7th, 2007 at 12:39 PM
Hitler llegó al poder arropado por una mayorÃa absoluta en las urnas. ¿Deslegitima esto la democracia? Hoy vivimos sendas réplicas de ese nazismo arropadas bajo el signo de la democracia.
Friday March 9th, 2007 at 07:29 AM
Santi, la idea de que Hitler obtuvo mayorÃa absoluta el el 32 no es cierta. El N.S.D.A.P. era el partido más votado, pero fueron los conservadores los que le ayudaron a alcanzar el poder.
Disculpa la corrección. Un saludo.
Friday March 9th, 2007 at 10:17 AM
Cierto; de hecho, recibieron bastantes más votos en la elección de julio del 32 que en la posterior que les llevó finalmente al poder por el trágico error de cálculo de ultranacionalistas y conservadores.
Wednesday March 14th, 2007 at 06:01 PM
Cuando Hitler llega al poder la economÃa alemana ya se estaba recuperando de la recesión del 29. Por esa época (a partir de mediados de 1932) las medidas de urgencia para fomentar el empleo introducidas por el Canciller Brüning tras su brutal polÃtica de ajuste presupuestario estaban comenzando a dar su fruto. Aunque el mercado de valores continuaba hundido (continuó estándolo hasta los años 50), la producción industrial se recuperaba con rapidez y ya casi habÃa alcanzado los niveles de 1928. Cada dÃa que pasaba disminuÃa en varios miles el número de parados.
En realidad el Führer estuvo a punto de no alcanzar su objetivo. Los entresijos de esas intrigas protagonizadas por las fuerzas de la derecha están muy bien expuestos en las memorias de Sefton Delmer (”Los alemanes y yo”), que recomiendo leer, porque no tiene pérdida. El autor intelectual de toda la maniobra -que para sus organizadores salió mal, por cierto- fue un periodista conservador llamado Hans Zehrer, que en la posguerra llegarÃa a ser redactor jefe del diario “Die Welt”.