As I Please, 25 de febrero de 1944

Una corta historia en el Home Companion and Family Journal, titulada “Hola, Cariño”, cuenta las aventuras de una jovencita llamada Lucy Fallows que trabajaba en la centralita de una central telefónica de larga distancia. Había “sacrificado su anhelo de estar de uniforme para coger este trabajo, pero lo encontró aburrido y monótono. “Tanta gente tonta parecen utilizar la larga distancia simplemente para charlatanear los unos con los otros . . . . Se sentía harta; sentía que era sierva de gente egoísta”, y que había “una nuble en sus ojos garzos”. No obstante, como fácilmente podrán adivinar, el trabajo de Lucy pronto se animó, y en poco tiempo se vio en medio de emocionantes aventuras que incluían el hundimiento de un U-boot, la captura de un equipo de sabotaje alemán, y un largo paseo en coche con un guapo oficial naval que tenía “una voz seca”. Tal es la vida en la Central Telefónica.

Al final de la historia hay una pequeña nota: “Cualquiera de nuestras jóvenes lectoras interesada en el trabajo de la Central de Teléfono de Larga Distancia (el trabajo que hacía Lucy Fallows) debería presentarse al Controlador de Personal, L.T.R., Londres, que les informará de las oportunidades abiertas.”

No sé si este es un anuncio que vaya a tener mucho éxito. Debería dudar incluso de si las niñas de la edad a la que se dirige se creerían que capturar U-boots entra en gran medida en las vidas de las telefonistas. Pero observo con interés la directa correlación entre un anuncio de reclutamiento gubernamental y una pieza de ficción comercial. Antes de la guerra el Almirantazgo, por ejemplo, solía poner sus anuncios en los periódicos de aventuras de los niños, que era el lugar natural para ponerlos, pero no se escribían, por lo que yo sé, historias por encargo. Probablemente no estén definitivamente encargados siquiera ahora. Es más probable que los departamentos interesados vigilen los periódicos semanales (incidentemente, me gusta imaginarme a algún personaje con pantalón diplomático en el G.P.O leyendo “Hola, Cariño” como parte de sus obligaciones oficiales) y metan un anuncio cuando la historia pueda crear un cebo atractivo. Pero de ahí a encargar historias sobre el A.T.S, el Women’s Land Army, o cualquier otro cuerpo necesitado de reclutas, sólo hay un paso. Uno puede casi escuchar las cansadas, cultivadas voces del M.O.I diciendo:

“¡Hola! ¡Hola! ¿Eres tú, Tony? Oh, hola. Mira, tengo otro guión para ti, Tony, “Un Billete al Paraíso”. Esta vez son las conductoras de autobuses. No están llegando. Creo que los pantalones no les vienen, o algo. Bueno, de todas formas, Peter dice que lo hagas sexy, pero limpio, ya sabes. Nada extra-marital. Lo queremos el martes. Quince mil palabras. Puedes elegir al héroe. Yo prefiero el tipo de hombre de calle al que quieren todos los perros y niños, ya sabes. O muy alto con una boca senisble, no me importa, la verdad. Pero dice Peter que exageres con el sexo.”

Algo parecido a esto ya ocurre con los números de radio y las películas documentales, pero hasta ahora no ha habido una conexión muy directa entre ficción y propaganda. Ese anuncio de media pulgada en el Home Companion parece marcar un nuevo escenario en el proceso de “coordinación” que está afectando gradualmente a todas las artes.


Mirando la Introducción a Hard Times de Chesterton en el Everyman Edition (a propósito, las Introducciones a Dickens de Chesterton son lo mejor que ha escrito nunca), observo la típica afirmación tajante: “No hay ideas nuevas.” Chesterton está afirmando aquí que las ideas que animaron la Revolución Francesa no era nuevas sino simplemente una resucitación de doctrinas que florecieron antes y que fueron después abandonadas. Pero la afirmación de que “no hay nada nuevo bajo el sol” es uno de los argumentos de serie de reaccionarios inteligentes. Los apologistas católicos, en particular, lo usan casi automáticamente. Todo lo que puedas decir o pensar ya ha sido dicho o pensado antes. Cada teoría política desde el liberalismo hasta el trotskyismo puede demostrarse ser un desarrollo de alguna herejía en la Iglesia temprana. Cada sistema filosófico nace en última instancia de los griegos. Cada teoría científica (si creemos a la prensa católica) fue anticipada por Roger Bacon y otros en el siglo XIII. Algunos pensadores hindúes van todavía más lejos y afirman que no sólo las teorías científicas, sino también los productos de la ciencia aplicada, aeroplanos, radio y toda la bolsa de trucos, eran conocidos por los antiguos hindúes, que las abandonaron luego por no ser meritorios de su atención.

No es muy difícil ver que esta idea está arraigada en el temor al progreso. Si no hay nada nuevo bajo el sol, si el pasado bajo una forma u otra siempre regresa, entonces el futuro cuando venga será algo familiar. De todas formas lo que nunca vendrá -puesto que nunca antes ha venido- es esa cosa odiada, temida, un mundo de seres humanos libres e iguales. Particularmente comfortante para los pensadores reaccionarios es la idea del universo cíclico, en el cual la misma cadena de eventos ocurre una y otra vez. En un universo así cada aparente avance hacia la democracia simplemente significa que la época venidera de tiranía y privilegio está un poco más cerca. Esta creencia, por muy supersticiosa que obviamente sea, está muy extendida hoy en día, y es común entre fascistas y cuasi-fascistas.

De hecho, hay nuevas ideas. La idea de que una civilización avanzada no tenga que depender de la esclavitud es una idea relativamente nueva, por ejemplo: es mucho más joven que la religión cristiana. Pero incluso si el dictamen de Chesterton fuera cierto, sólo sería cierto en el sentido de que una estatua está contenida en cada bloque de piedra. Las ideas pueden no cambiar, pero el énfasis cambia constantemente. Podría afirmarse, por ejemplo, que la parte más importante de la teoría de Marx está contenida en el dicho: “Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.” Pero antes de que Marx la desarrollara, ¿qué fuerza tuvo ese dicho? ¿Quién le prestó alguna atención? ¿Quién dedujo de él -que ciertamente lo implica- que las leyes, religiones y códigos morales eran todos una superestructura construida sobre relaciones propietarias existentes? Fue Cristo, según el Evangelio, quien pronunció el texto, pero fue Marx quien lo trajo a la vida. Y desde que lo hizo los motivos de políticos, curas, jueces, moralistas y millonarios han estado bajo la más profunda sospecha – que es, por supuesto, el porqué lo odian tanto.

[Artículo original, disponible aquí]

Categorías: As I Please
Escrito por: Syme

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