As I Please, 4 de febrero de 1944

Cuando Sir Walter Raleigh fue encerrado en la Torre de Londres, se mantuvo ocupado escribiendo una historia del mundo. Había terminado el primer volumen y estaba trabajando en el segundo cuando hubo una pelea entre unos trabajadores bajo la ventana de su celda, y uno de los hombres fue asesinado. A pesar de las investigaciones diligentes, y a pesar del hecho de que había visto cómo ocurría, Sir Walter nunca fue capaz de descubrir sobre qué era la pelea: después de lo cual, se dice -y si la historia no es verdadera, ciertamente debería serlo – quemó lo que había escrito y abandonó su proyecto.

Esta historia me ha venido a la cabeza no sé cuántas veces durante los últimos diez años, pero siempre con el reflejo de que Raleigh probablemente se equivocaba. Teniendo en cuenta todas las dificultades para investigar en esa fecha, y la especial dificultad de llevar a cabo una investigación en prisión, podría probablemente haber producido una historia del mundo que tuviera alguna similitud con el curso real de los acontecimientos. Hasta una fecha bastante reciente, los principales acontecimientos anotados en los libros de historia probablemente ocurrieron. Es probablemente cierto que la batalla de Hastings se diputara en 1066, que Colón descubriera América, que Enrique VIII tuviera seis esposas, y así sucesivamente. Un cierto punto de veracidad era posible siempre que se admitiera que un hecho puede ser cierto incluso si no te gusta. Incluso tan tarde como durante la última guerra era posible para la Encyclopaedia Britannica, por ejemplo, recopilar sus artículos sobre las varias campañas en parte de fuentes alemanas. Algunos de los datos -las cifras de bajas, por ejemplo- eran consideradas como neutrales y en esencia aceptadas por todos. Semejante cosa no sería posible ahora. Una versión nazi y una no-nazi de la presente guerra no tendrían parecido la una con la otra, y cuál de ellas entra finalmente en los libros de historia se decidirá no por métodos evidenciales sino en el campo de batalla.

Durante la guerra civil española me encontré sintiendo fuertemente que una historia real de esta guerra nunca sería o podría ser escrita. Las cifras precisas, los relatos objetivos de lo que estaba ocurriendo, simplemente no existían. Y si sentía esto incluso en 1937, cuando el gobierno español todavía existía, y las mentiras que las varias facciones republicanas estaban contando las unas de las otras y sobre el enemigo eran relativamente pequeñas, ¿cómo se mantiene el tema ahora? Incluso si Franco es derrocado, ¿por qué clase de documentos tendrá que ser guiado el futuro historiador? Y si Franco o cualquiera que se le parezca se mantiene en el poder, la historia de la guerra consistirá mayormente en “datos” que millones de personas ahora vivas saben que son mentiras. Uno de estos “datos”, por ejemplo, es que hubo un ejército ruso considerable en España. Existen más que abundantes pruebas de que no existió tal ejército. Pero si Franco permanece en el poder, y si el fascismo en general sobrevive, ese ejército ruso entrará en los libros de historia y los futuros alumnos creerán en él. Así que para propósitos prácticos la mentira se habrá convertido en verdad.

Esta clase de cosas está ocurriendo todo el tiempo. De los millones de ejemplos que deben estar disponibles, escogeré uno que resulta ser verificable. Durante parte de 1941 y 1942, cuando la Luftwaffe estaba ocupada en Rusia, la radio alemana agasajó a su audiencia natal con historias de devastadores ataques aéreos sobre Londres. Bien, somos conscientes de que esos ataques no ocurrieron. ¿Pero qué utilidad tendría nuestro conocimiento si los alemanes conquistaran Gran Bretaña? Para los fines de un futuro historiador, ¿ocurrieron esos ataques, o no? La respuesta es: si Hitler sobrevive, ocurrieron, y, si cae, no ocurrieron. Así con innumerables acontecimientos más de los pasados diez o veinte años. ¿Son los Protocolos de los Sabios de Sión un documento genuino? ¿Conspiró Trotsky con los nazis? ¿Cuántos aviones alemanes fueron derribados en la Batalla de Inglaterra? ¿Da Europa la bienvenida al Nuevo Orden? En ningún caso tienes una respuesta que sea universalmente aceptada porque sea cierta. En cada caso tienes un número de respuestas totalmente incompatibles, una de las cuales es finalmente adoptada como el resultado de una lucha física. La Historia la escriben los vencedores.

En el último análisis nuestro único reclamo de la victoria es que si ganamos la guerra contaremos menos mentiras sobre la misma que nuestros adversarios. Lo que realmente asusta del totalitarismo no es que cometa atrocidades sino que ataca el concepto de la verdad objetiva: afirma controlar tanto el pasado como el futuro. A pesar de todas las mentiras y el farisaismo que provoca la guerra, honestamente no creo que se pueda decir que ese modo de pensar esté creciendo en Gran Bretaña. Considerándolo en conjunto, debería decir que la prensa es ligeramente más libre de lo que era antes de la guerra. Sé por experiencia propia que puedes publicar cosas ahora que no podrías publicar hace diez años. Los objetores probablemente hayan sido menos maltratados en esta guerra que en la pasada, y la expresión de opiniones impopulares en público es ciertamente más segura. Hay algo de esperanza, pues, de que el modo de pensar liberal, que ve la verdad como algo exterior a uno, algo que debe ser descubierto, y no como algo que puedes inventarte sobre la marcha, sobrevivirá. Pero sigo sin envidiar el trabajo del futuro historiador. ¿No es un extraño comentario de nuestro tiempo que incluso las bajas en la presente guerra no puedan estimarse por varios millones?


Anunciando que el Departamento de Comercio está a punto de retirar la prohibición sobre los bajos vueltos de los pantalones, el anuncio de un sastre aclama esto como “una primera entrega de la libertad por la que estamos luchando”. Si realmente estuviéramos luchando por los bajos vueltos de los pantalones, me inclinaría a ser pro-Eje. Los bajos vueltos no tienen función alguna salvo recoger polvo, y ninguna virtud salvo que cuando los limpias encontrarás ocasionalmente una pieza de seis peniques. Pero bajo ese jubilante grito del sastre yace otro pensamiento: que dentro de poco Alemania estará acabada, la guerra estará medio terminada, se suavizará el racionamiento, y el esnobismo de la ropa estará en plena marcha de nuevo. No comparto esa esperanza. Cuanto antes podamos parar el racionamiento de comida más contento estaré, pero me gustaría ver el racionamiento de ropa continuar hasta que las polillas hayan devorado el último esmoquin e incluso los enterradores se hayan despojado de sus sombreros de copa. No me importaría ver a la nación entera en trajes de campaña teñidos durante cinco años si eso significa que uno de los principales puntos de crianza del esnobismo y la envidia pudiera ser eliminado. El racionamiento de ropa no se concibió en un espíritu democrático, pero aún así ha tenido un efecto democratizante. Si los pobres no están mucho mejor vestidos, al menos los ricos están más desharrapados. Y ya que no está ocurriendo ningún cambio estructural real en nuestra sociedad, el proceso de nivelación mecánica que resulta de la pura escasez es mejor que nada.

[Artículo original, disponible aquí]

Categorías: As I Please
Escrito por: Syme

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