As I Please, 14 de enero de 1944
La vieja costumbre de encuadernar revistas y periódicos en forma de libro parece haber desaparecido casi enteramente, lo que es una lástima, pues una edición anual de incluso una revista muy estúpida es más legible tras un lapso de tiempo que la mayorÃa de libros. Creo que no he encontrado nunca una ganga mejor que la docena de volúmenes del Quarterly Review, comenzando en 1809, que conseguà una vez por dos chelines en una subasta en una granja; pero una buena compra (sixpennyworth en el original) fue una edición anual del Cornhill cuando Trollope o Thackeray, olvido cual, lo estaba editando, y otra buena compra fueron algunos volúmenes sueltos del Gentleman’s Magazine de mediados de los sesenta, a tres peniques cada uno. También he tenido algunas medias horas felices con el Chamber’s Papers for the People, que floreció en los cincuenta, el Boy’s Own Paper en los dÃas de la Guerra de los Boer, el Strand en sus grandes dÃas de Sherlock Holmes, y -un libro que desafortundamente sólo vi y no compré– un volúmen encuadernado del Athenaeum de comienos de los veinte, cuando lo editaba Middleton Murry, y T. S. Eliot, E. M. Forster y varios otros estaban haciendo su primer impacto en el gran público. No sé por qué nadie se molesta hoy en dÃa, pues conseguir una edición anual de una revista encuadernada cuesta menos que comprar una novela, e incluso puedes hacer tú mismo el trabajo si tienes una tarde libre y los materiales necesarios.
La gran fascinación de estas viejas revistas es la perfección con la que ‘datan’. Absortas en los asuntos del momento, le hablan a uno sobre modas polÃticas y tendencias que apenas son mencionadas en los libros de historia más generales. Es interesante, por ejemplo, estudiar en las revistas contemporáneas la amenaza de guerra de comienzos de los sesenta, cuando se asumÃa en todas partes que Gran Bretaña estaba a punto de ser invadida, se formaron los Voluntarios, estrategas aficionados publicaban mapas mostrando las rutas por las cuales los ejércitos franceses convergerÃan sobre Londres, y pacÃficos ciudadanos se acobardaban en zanjas mientras las balas de los Rifle Clubs (los entonces equivalentes de la Home Guard) rebotaban en todas direcciones.
El error que cometieron casi todos los observadores británicos en ese momento fue no darse cuenta de que Alemania era peligrosa. El único peligro venÃa supuestamente de Francia, que habÃa quemado su último cartucho como potencia militar y no tenÃa en cualquier caso motivo alguno para pelearse con Gran Bretaña. Y creo que los lectores casuales en el futuro, hojeando nuestros periódicos y revistas, notarán una aberración similar en el alejamiento de la democracia y la franca admiración hacia el totalitarismo que alcanzó a los intelectuales británicos sobre 1940.
Recientemente, desenterrando números atrasados de Horizon, me encontré con un largo artÃculo sobre el Managerial Revolution de James Burnham, en el cual la tesis principal de Burnham fue aceptada casi sin examinación. Representaba, habrÃa afirmado mucha gente, el pronóstico más inteligente de nuestro tiempo. Y aún asà –fundamentada como realmente estaba sobre una creencia en la invencibilidad del ejército alemán– los acontecimientos ya lo han hecho saltar por los aires.
[ArtÃculo original, disponible aquÃ]
CategorÃas: As I Please, Destacados
Escrito por: Syme
