Llego a mi casa después de una sesión de ordenar el local, que está en el culo del mundo y que al principio tenía ese aspecto que tienen los restaurantes turcos después de que un señor haga estallar su cinturón de explosivos en medio de un banquete de bodas.
Me dirijo a la nevera, donde me aguarda una sabrosa napolitana de crema con almendras para merendar. Evidentemente, no está. Me dirijo a mi hermana.
- ¿Te has comido tú la última napolitana?
- Por supuesto- contesta ella.
Gruñendo y maldiciendo para mis adentros, cojo dinero y bajo al MásyMás que hay justo bajo mi casa. Entro, está vacío, cojo la napolitana y me dirijo a la caja, donde la cajera se mira con aburrimiento las uñas. Sobre la cinta transportadora hay miles de botes, botellas, frutas y otros productos, pero no hay nadie pagando. Hummm. Miro a la cajera, me mira y me dice, pasa.
Y en ese momento llega corriendo una señora desde el fondo del supermercado con su carro de la compra.
- ¡Eh, eh eh! ¡Que estaba yo primero! - dice, poniéndoseme delante.
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