Recuerdo haber discutido esto mismo hace unos años, cuando durante semanas estuvimos hablando de cómo cuatro muertos de hambre habían ido en barca hasta un pedrusco y nosotros habíamos enviado a un puñado de divisiones a sacarlos de allí. Puede que no fuera exactamente eso, pero básicamente es lo que recuerdo. Por aquel entonces no existía esta bitácora, así que tuve que conformarme con comentarlo con desdén cada vez que salía el tema. Pero era cuestión de tiempo que volviera a planteaese una solución similar.
Un tipo que vive unos cuantos kilómetros al sur opina que no está bien que los Reyes de España visiten Ceuta y Melilla. Le parece tan mal que incluso retira a su embajador y tilda el viaje de lamentable y contraproducente. Y uno que pasaba por allí se pregunta por qué no debería hacerse otra marcha verde. Este escaso material da para que durante días (y si nos ponemos, semanas) el tema acapare gran parte de la atención de los medios de comunicación. Un tal Mohamed dice, un tal Mohamed considera, un tal Mohamed opina.
Termina siendo política no ya de hechos, sino de declaraciones. Ni siquiera se informa de algo que haya ocurrido, sino de lo que un desgraciado de por ahí abajo cree. Por lo que parece, ayer no había cosas mejores que hacer que mandar a imprenta titulares frikis (lo siento, no hay otra palabra) como “Ceuta aclama a los Reyes y da una lección de patriotismo democrático” (¿patriotismo democrático? ¿cómo?) o “Ceuta, corazón de España“. Podría entender esto en Marruecos, donde sin lugar a duda a Mohamed VI le conviene mucho más distraer al populacho con temas como éste -no vaya a ser que les de por pensar en por qué no tienen agua caliente o, ya puestos, libertad de prensa-, pero no aquí.
¿De verdad no tenemos temas más importantes de los que hablar?
Estoy de acuerdo, se están sacando las cosas de madre. Ni tanto ni tan poco. Se trata simplemente de una visita oficial.
Hombre, la integridad territorial no es exactamente una minucia, y el programa marroquí en esto está claro. Ya hablan hasta de “ocupación”, al estilo palestino -que ya sabemos en qué acaba.
En cuanto a lo de Perejil, se hizo lo correcto: mandar un destacamento -no un puñado de divisiones-, desalojar a los okupas, darles un cola-cao y unas mantas y devolverlos a su desdichado país. Las reivindicaciones territoriales se plantean por vía diplomática, que para eso están las embajadas, no colándose de rondón “like a thief in the night”.