Un grupo de turistas está visitando el Museo Pushkin de Moscú. Al llegar a una galería dedicada casi en exclusiva a los retratos de Lenin, el guía comienza a describir los diferentes cuadros en los que se ve al héroe de la Revolución en una serie de poses testimoniales: ‘Lenin cazando’, ‘Lenin firmando un decreto’, ‘Lenin pronunciando un discurso ante los obreros de la fábrica de tractores Vorotschilow’…
Uno de los lienzos mostraba a una pareja haciendo el amor en medio del campo. Naturalmente los turistas se interesaron por él, y como no sabían leer cirílico, preguntaron al guía cómo se llamaba el cuadro:
“Este cuadro se titula ‘Lenin en Dinamarca’” informó lacónicamente el guía.
Los visitantes, preplejos, quisieron saber más, por ejemplo, quién era la mujer. “Esta es la señora de Lenin” explicó, invariablemente sucinto, el guía. “Supongo” preguntó un turista, “que ese debe ser Lenin”. El guía zarandeó la cabeza: “Ese no es Lenin. Es el secretario de Lenin”.
“Pero entonces”, insistió el turista, “¿dónde está Lenin?”
El guía respondió: “¡Dónde va a estar! ¡En Dinamarca!”.