(En mitad del desfiladero de las Termópilas, una soleada mañana de agosto del año 480 A.J.C.)
“¡Pinches espartanos!¡Entréguenme a su rey Leónidas, y les perdonaré la vida!”
“¡Ven a buscarlo tú, buey!”
“¡Ríndanse ahorita mesmo o mis arqueros lanzarán tantas flechas que oscurecerán la luz del sol!”
“¡Orale, Jerjes, rey hijo de la chingada!¡Mucho mejor asi no más, porque entonces mis cuates y yo pelearemos a la sombra!”