En el año 5.000 los arqueólogos europeos hicieron un hallazgo colosal. Todo comenzó cuando un chimpancé genéticamente modificado que trabajaba como temporero para un payés tratando de habilitar cultivos hidropónicos en unos campos situados al nordeste del Subcontinente, antaño denominado Península Ibérica, concretamente en una región agreste y selvática que hoy lleva el enigmático nombre de la Desolación de la Maleni, experimentó una fuerte sacudida al volante de su tractor. El brazo mecánico que sostenía las cuchillas roturadoras había impactado contra un objeto de gran tamaño. “¡Una roca!” pensó el chimpancé, tecleando nerviosamente en la pantalla táctil. “¿Cómo es posible que el procesador ecográfico no la haya detectado?”
El temporero detuvo el tractor y llamó a su amo por la radio de espectro disperso. Al examinar el payés los daños de la maquinaria y el obstáculo que los había causado pudo verificar que efectivamente se trataba de un objeto rocoso. Antes de retirarlo lo examinaron con el scanner ecográfico, y aquí es donde comienza la sucesión de sorpresas que culminarían en uno de los hallazgos arqueológicos más espectaculares de todos los tiempos. El pedrusco era enorme, y tenía una forma estilizada, similar el morro de uno de aquellos antiguos cohetes espaciales. “Parece hecho por el mono”, sugirió el temporero, “perdón, quiero decir.. por el hombre”.
Durante varios días un equipo de arqueólogos procedentes de Lisboa examinó el hallazgo y decidió excavar con cuidado, encontrando varias formas similares en medio de un montón de escombros. “Son los pináculos de un gran templo” declaró ante la prensa el jefe del equipo.” Una catedral. Y en los alrededores parece haber gran cantidad de edificaciones, calles, restos de obra civil. El scanner ecográfico registra un caos de imágenes superpuestas. Tendremos que esperar a que el computador las analice para estar seguros… pero creo que hemos descubierto una gran ciudad”.
¿Una gran ciudad? No era posible. Todas las grandes urbes del Subcontinente -Hispálica, Ruiz-Gallardonia (antes Madrid), Fachadolid, Don Hostia y otras- eran perfectamente conocidas. La mayor parte de ellas aun estaban habitadas. Un asentamiento de estas dimensiones -a medida que avanzaba el análisis de las imágenes sonoras se iba poniendo de manifiesto la existencia, bajo aquellos eriales sin roturar, de una ciudad verdaderamente colosal, capaz de albergar por lo menos a tres millones de personas- debería haber dejado algún rastro en las crónicas y habría sido localizada hace tiempo. “Recuerden el caso de Tartessos” dijo el Arqueólogo Jefe. “Costó Dios y ayuda, pero al final dímos con ella”.
“¡Esto es increíble!” exclamó el Comisario Europeo de Patrimonio Histórico al examinar las ecografías. “Aquí hay un aeropuerto, un monte con castillo y teleférico, muelles de atraque para buques de gran calado e incluso lo que parece ser una ciudad olímpica. Pero todo se encuentra en un estado lastimoso, roto, desorganizado, que no se explica únicamente por el paso del tiempo. Esta ciudad debió sufrir un cataclismo, mucho peor que el de Pompeya o la Isla de Thera”.
“Fíjese, Señor Comisario”, añadió el Arqueólogo Jefe, “en el aspecto tan peculiar que presenta lo que ha quedado del tendido eléctrico. Ni siquiera los hindúes serían capaces de tejer una maraña como esa. Y esos túneles de metro, todos desplomados… Carreteras bloqueadas con los restos de miles de vehículos, quizá en un intento desesperado por escapar de la inminente ruina; líneas férreas sin terminar, corrimientos de tierras. No cabe duda, la ciudad terminó sus días en medio de una hecatombe. Tal vez un terremoto, explosiones atómicas, meteoritos o un virus desconocido… Lo extraño es que no hayamos podido encontrar en las crónicas la menor mención sobre una catástrofe natural”.
Cuando un historiador heterodoxo sugirió que lo que se había encontrado podían ser las ruinas de Barcelona, la comunidad científica se llevó las manos a la cabeza y rió hasta partirse los ijares. Pero después de aquel paréntesis de rechifla y jolgorio, los académicos del Establishment, indignados, decidieron poner los puntos sobre las íes: “Barcelona es una ciudad legendaria. Ni siquiera se sabe dónde está. Seguramente jamás ha existido. Todas las referencias que se hacen a ella son míticas, pura eyaculación mental de cantautores extraviados y dibujantes de cómics milenaristas de mal gusto. ¡Qué ridiculez, toda esa leyenda de la Gran Sacerdotisa Magdalena de Hispalis, que, enviada por el Gran Dios “Z” para castigar a los cataláunicos por su altivez, provocó una lluvia de fuego que terminó destruyendo la ciudad! ¡Hay que joderse con todos esos bardos de pacotilla! ¡Mira que llamar “Z” al dios del caos en el panteón de la antigua Peletáurica! ¡Y Pippin el Blanco a su correveidile mentiroso y pícaro, en realidad simple trasunto de Mercurio, antigua deidad grecolatina de los comerciantes y los ladrones! ¡Y Magdalena el angel vengador, probablemente inspirada en la Circe de La Odisea, con una piara de gorrinos funcionariales que la siguen donde quiera que va gracias a los billetes gratuitos que las compañías aereas les proporcionan con tal de quitárselos de encima! ¡Todo eso no son más que chorradas! ¡Por Dios, un poco de seriedad, señores!”.
Asi lo sentenció la Academia Oficial Europea de Historia Antigua y asi se quedó. A la misteriosa ciudad se la llamó Mambo, en homenaje a su simiesco y fortuito descubridor, que habiendo dejado el oficio de colono hoy se gana la vida como guía turístico del yacimiento, mostrando a los turistas chinos los pináculos de lo que algunas mentes calenturientas consideran torres diseñadas por Gaudí. Pero las especulaciones, como es lógico, no han terminado.
“Si no es Barcelona”, dijo hace poco el controvertido Profesor Perelló, perteneciente a un linaje de ilustres eruditos documentalistas, con motivo de su aparición en el programa esotérico ‘VII Milenio’, “tiene que ser la Atlántida”. El locutor quiso saber en qué basaba el académico esta audaz aseveración, a lo que el mismo respondió: “¿Qué otra posibilidad nos queda? Hay que reinterpretar las fuentes antiguas. Platón cuenta que la Atlántida se hallaba al otro lado de las Columnas de Hércules (Estrecho de Gibraltar). Pero si por algún casual hubiera estado de vacaciones en Cádiz cuando escribió Critias y El Timeo, entonces todo podría tener sentido.”
¿sabes que el Payes tambien dejo su trabajo? He leido en la wikipedia que de lo que sacaba el simio con las visitas turisticas, recibia el Payes una comision del 3%.
Sería una verdadera lástima que la ciudad más bonita del mundo desapareciera. Palabra de Perelló ;)
Mercè: sabía que no tardarías ni media hora en pasar por el libro de visitas. Espero que no te haya molestado la cita. No hay otra intención que la simplemente humorística. Hoy me siento lúdico.
Para nada! Tengo un sentido del humor catalán, no nos molesta nada.
Me alegro. Si habéis sido capaces de aguantar a Albert Boadella, Eugenio y Félix de Azúa, ¿cómo no ibais a aguantar esto?
A Alberto Boadella, ya no lo van a tener que aguantar. Se ha ido de cataluña por que no entendian su sentido del humor.
No se si le hara gracia a los nacionalistas eso de que todo se apoya en una apología de los rasgos diferenciales cuya lista es la siguiente:
- La lengua catalana (algo hay que hablar).
- La sardana (creada en el siglo XIX por el andaluz Pepe Ventura).
- La rosa del día de San Jorge.
- L’hereu y la pubilla (herencia en los primogénitos).
- La fiesta del día de San Esteban (para hacer canelones con los restos de Navidad).
- La mona de Pascua (pastel con veleidades escultóricas).
- La obsesión por los rovellons (níscalos).
- Los castellers (grupo humano en sentido vertical).
- El caganer (escultura escatológica que se coloca en el Belén).”
De todo ello me quedo con el “caganer”, indiscutiblemente.
Soy nuevo aqui y por casualidad he leido tu relato, todavia tengo lagrimas en los ojos de reirme. Enhorabuena, me ha encantado.
Saludos desde Ruiz-Gallardonia