Cuando el Muro comenzaba a tambalearse

Publicado el lunes, 17 de septiembre de 2007

El capitán Heinz Brinkmann de la Stasi, sentado en el lado opuesto de la mesa, cerró el dossier de un carpetazo y, sin dejar de mirar fijamente al prisionero, explicó a este su situación:

“Señor Gläske, se le acusa de Republikflucht, de conspirar contra la seguridad del Estado y de haber firmado junto con otros intelectuales disidentes un manifiesto a favor de la apertura de las fronteras de la República Democrática Alemana. ¿Admite ser culpable de los cargos expuestos?”

“¡Váyase a la mierda, payaso comunista! ¡Cabrón!”

“Hace años” continuó el oficial, sin inmutarse, “estos delitos estaban castigados con la pena capital. Pero hoy, gracias a nuestra nueva política aperturista, existe una mayor consideración hacia el reo. Por consiguiente le damos a elegir entre pasar cinco años en la prisión de alta seguridad de Hohenschönhausen o acostarse con una de las prostitutas que atienden al Comité Central del Partido.”

Se hizo un espeso silencio, tan solo roto al cabo de unos segundos por el capitán Brinkmann, que, bajando la voz, dijo: “…por su propio bien le recomiendo que escoja la prisión.

igandekoa @ 23:48
Clasificado bajo: Infamia


6 comentarios acerca de 'Cuando el Muro comenzaba a tambalearse'

  1.  
    siboney
    martes, 18 de septiembre de 2007 | 20:30
     

    El profesor y la Venus
    18 de Septiembre de 2007 - 13:30:02 - Pío Moa
    Si bien se mira, la actitud del profesor ciencista ante la Venus de Milo es de lo más instructiva. Pocos ciencistas se atreverían a razonar abiertamente como él, así como pocos marxistas se atreverían a proponer la quema del museo del Prado por contener arte burgués y reaccionario, pero es solo por inconsecuencia: se quedan a medias en su razonamiento, por indecisión u oportunismo. El profesor va hasta el final, y defiende:

    A) que el carácter pétreo de la Venus de Milo es perfectamente claro y demostrable, mientras que su carácter femenino, no digamos ya religioso, es demostrablemente falso, un puro y simple engaño. Nadie podría dejar de darle la razón, vistas así las cosas;

    B) que, de modo análogo, el ser humano es un conjunto de células en el grado de evolución del primate, si bien, la mayoría de los primates no haría tonterías tales como modelar un pedrusco y darle un significado animal (femenino) y, mucho menos aún, religioso. Ese grado de sandez queda referido solo al ser humano inconsciente de sí mismo, ajeno a la ciencia.

    Podríamos extender la analogía con la de aquel otro profesor de ciencias que incitaba a los alumnos de letras a tirar a la basura las obras literarias, ficticias, esto es, falsas por definición.

    Cabría objetar lo siguiente: la Venus de Milo remite de un modo u otro al carácter moral del ser humano. Al contrario que el hombre, el primate, como el resto de los animales, guía su comportamiento casi exclusivamente por el instinto, es decir, por reacciones semiautomáticas de las que no puede hacérsele responsable. En cambio el ser humano es para sí mismo responsable de sus actos, salvo situaciones extremas, lo cual constituye la base de la moral. Ello significa que su conducta, aunque mantenga en parte su base instintiva, sobrepasa ese nivel. Esta diferencia crucial separa al ser moral –o animal moral, si se prefiere–, del primate y de los demás animales con tanta profundidad como los animales se separan de las plantas.

    El carácter moral, responsable, y la libertad y la culpa implícitas, son al mismo tiempo una pesada carga, a veces un verdadero tormento. Por ello una tendencia ancestral del ser humano ha sido también la de rehuir su condición y retornar al paraíso de la conducta instintiva, inocente, sin responsabilidad ni culpabilidad ni, por tanto, libertad. Tal es la clave de la ideologías utópicas y ciencistas: la conducta humana puede hacerse tan previsible, y por ello manipulable, como la de un animal, una vez conocemos “científicamente” o “racionalmente” sus imperativos fisiológicos bajo la “impresión ilusoria” de la libertad y la dignidad.

    Sin embargo la vuelta a la inocencia instintiva es imposible, la impide “el ángel con la espada flamígera”, dicho en plan simbólico. Las opciones utópicas, que, no por casualidad, se han pretendido casi siempre científicas y racionales, tienen una doble consecuencia: a) obligan a una aceptación general de ellas, excluyendo así la libertad, que es una pura ilusión, desde su punto de vista; b) permiten la eliminación de los elementos antisociales y anticientíficos que rehúsan aceptar esas conductas. Después de todo, la “dignidad humana” no pasa de ser otra ilusión presuntuosa de un animal que “se miente mucho a sí mismo”, como ha descubierto la señora Margulis. ¿Qué impide liquidar en masa a los disconformes, tal como en Inglaterra se mataron millones de “vacas locas”, un sacrificio económico lamentable, pero visto como necesario y que nunca provocó mayor remordimiento? Las vacas locas, los primates humanos inadaptados, seres enfermos, pueden ser liquidados sin mayor problema, pues, en definitiva, ¿son algo más que simples conjuntos de células con un orden determinado? No por casualidad ha pasado lo que ha pasado en el siglo XX.

  2.  
    martes, 18 de septiembre de 2007 | 21:56
     

    Solo por escribir lo anterior en la fenecida R.D.A., a Pío Moa le habrían aplicado las dos penas: primero el polvo con la meretriz colectivista y después un lustro completo en Hohenschönhausen, con la compañía de Christa Wolf y Friedrich Engels como únicas lecturas.

  3.  
    martes, 18 de septiembre de 2007 | 23:07
     

    Pero, ¿El socialismo no iba tambien a terminar con la prostitucion?

  4.  
    miércoles, 19 de septiembre de 2007 | 11:53
     

    ¡Nada de eso! o que quiere es legalizarla. Pero como tantas otras cosas, no le ha salido bien, al menos en España.

    ¿Habéis visto “La vida de los otros”? En cierto momento el protagonista recibe la visita de una profesional. Si os fijáis bien en la mujer, entenderéis por qué tantos hombres cometían durante aquella época el delito denominado “Republikflucht”.- En román paladino: pirarse del paraíso socialista.

  5.  
    J
    sábado, 22 de septiembre de 2007 | 19:41
     

    Hace mucho tiempo leí algo sobre el grado extraordinario de descuido y fealdad a que estaban llegando las ciudadanas soviéticas en los últimos tiempos de la URSS. Si se han hecho interpretaciones del fenómeno islamista a la luz de la insatisfacción sexual de los jóvenes en los países musulmanes, a lo mejor no es tan descabellado que la fealdad -de las mujeres, de la nomenklatura, de las casas, de los coches, de la vida- tuviese algo que ver en la caída del comunismo.

  6.  
    martes, 25 de septiembre de 2007 | 11:56
     

    Los comentarios sobre la fealdad comunista datan de antiguo y son una constante en la cultura popular. Acordémonos por ejemplo de la genial comedia “Uno, dos, tres”, de Billy Wilder, en la que unos funcionarios soviéticos pierden los papeles por la secretaria del protagonista, una berlinesa del Oeste llamada Fräulein Ingeborg que está como un tren. Sin duda alguna porque en Rusia no hay nada comparable.

    Otro ejemplo en una novela de Tom Clancy. Cuando los americanos suben al Octubre Rojo y hojean las revistas porno de los marinos soviéticos, se les cae el alma a los pies. Porque, según el autor, “ellos eran de California”. Sobran comentarios.

Deja tu comentario

(obligatorio)

(obligatorio)


Aviso a navegantes

Se asume que todos los mensajes serán escritos con la debida educación y madurez que se presupone a los miembros de la comunidad internauta. No se tolerará el insulto gratuito.

Tu dirección de correo no será nunca mostrada. Utiliza los botones inferiores para añadir cursivas, negritas y enlaces a tu comentario.


RSS de los comentarios | URI para TrackBack