Todavía no soy lo suficientemente paranoico -aunque me falta poco- como para pensar que el juez del Olmo recibe algún porcentaje de los beneficios de El Jueves. El auto, de la que ya tanto se ha hablado, no ha servido sino para que todos los ejemplares se vendieran en cuestión de minutos y varios millones de personas, tanto en España como en el extranjero, se hayan fijado en la imagen o en alguna de sus variantes (como la que aparece en esta entrada o esta otra). En mi para nada humilde opinión -esa que no le interesa a nadie- la portada era soez y bastante vulgar, pero me hace todavía menos gracia que alguien decida -sin ni siquiera una sentencia firme- qué puedo y qué no puedo leer. Homo vulgaris victis.
El nombre que recibe semejante estupidez en Internet es efecto Streisand, denominado así no en honor a algún cientifico respetable, sino por la medriocre actriz. Razonable ella, Barbra Streissand demandó en 2003 al fotógrafo Kennett Adelman, reclamando nada más y nada menos que 50 millones de dólares (¿?) al considerar que fotografiar aereamente su mansión en la costa de California atentaba contra su intimidad. La imagen en cuestión era parte de una colección de doce mil fotografías que documentaban la erosión costera. Como era de esperar, lo único para que la pobre consiguió fue que cientos de miles de freaks y demás parias sociales descargaran una imagen que hasta ese momento no interesaba a nadie. Yo también debo tenerla por ahí, perdida en algún disco duro.
Es la Ley de las Consecuencias Inesperadas, la misma que hace que los pilotos del Helios Airways Flight 522 pierdan el conocimiento y se estrellen al estar la cabina bien cerradita para evitar que otro Mohammed Atta tome el control del avión. Mejoras en la seguridad, señores pasajeros, que en caso de una despresurización impiden que los cerebros de nuestro personal tengan el aporte suficiente de oxígeno. En el fondo es irónico, y también un poco cruel. En la misma onda se enmarca al accidente de El Jueves, aunque todavía no aparezca en los ejemplos de la entrada en la Wikipedia inglesa: un juez del Paleolítico (quien, por cierto, no es el único) decide retirar de la circulación una imagen, y lo único que consigue es… esto.
Lo mejor de todo, y que -estoy convencido- algún día aparecerá en los libros de texto bajo el título “La Tercera República Española”, es que involucra a la Casa Real. Ni conocían la existencia de la imagen ni han tenido nada que ver, pero eso es lo de menos: esta petición dirigida, en teoría, al Congreso de los Diputados (impagables las faltas de ortografía y el que esté encabezarda con un Hola) o esta excéntrica página son sólo dos de las muchas consecuencias inesperadas del auto del juez de la Audiencia Nacional. Al fin y al cabo, les (nos) ha dado un motivo, una razón (¡censura!) visceral y mucho más tangible que el perpetuo debate filosófico acerca de la monaquía.
Es cierto que la portada es de mal gusto, creo que eso es bastante evidente. Pero la libertad de expresión no puede vulnerarse de este modo, y la censura trae recuerdos de tiempos pasados. Además, si el mal gusto bastara para censurar, se me ocurren varias cosas que se podrían censurar: el programa radiofónico de Losantos (donde por cierto se ha faltado más a la casa real que en “El Jueves”), los programas basura de la televisión, etc.
O películas como “La Mala Educación”.
Pues mira no la he visto y no puedo opinar al respecto, aunque el cine de Almodovar en general me gusta bastante.
Mercè, sigues confundiendo las cosas, en tu blog y también aquí. Si de entrada estás a favor de la libertad de expresión no puedes decir acto seguido que hay cosas que con más razón se pueden censurar, como por ejemplo el programa de FJLS en la COPE. Ni una cosa ni otra, hablen de la familia real o de cualquier otro tema.
El tema no es ese. El tema es la hipocresía del gobierno y el que quiera presentarse como referencia moral pese a todos sus manejos propagandísticos.
Papa Patxi, no quieras atribuirme lo que no he escrito. Sí pueden convivir perfectamente los dos hechos: el que una viñeta sea de mal gusto y el que no se deba censurar por ello. Yo no he dicho que se deba cerrar el programa de Losantos, pero sí lo han hecho muchos colectivos católicos de este país.