¿Sabe usted que su vecino, ese agradable árabe, puede ser un terrorista en potencia? ¿O que tal vez el camarero de la taberna de enfrente puede maltratar a su mujer cada noche? ¿Sabía usted que el cura de su iglesia toquetea a los fornidos monaguillos corales? ¿O que tal vez su hija se la chupa cada fin de semana a un “bakala” por un tirito de coca? Todo esto da igual: ha llegado el estudio sociológico definitivo.
Debido a la necesidad de un estudio de éste tipo, que solucione todos los problemas económicos, alimenticios y sexuales de todo el planeta y, básicamente, mi extremo aburrimiento en horas de trabajo, he realizado una pequeña constatación demograficoemprírica sobre los individuos que pasan por el parking en el que desempeño la más que encomiable y vital labor de no hacer nada durante horas.
Es reseñable la distinta actitud de los mismos y diferentes grupúsculos según día y hora, pero siguen un espectro conductivo muy similar, pese a que el lunes el jefe de Pepito decidiera ponerle de patas en la puta calle. No me da pena.
El estudio, en el que el gobierno y NASA han invertido billones, recoge las principales características de Saludos, Actitud (según el malahostiómetro –Marca Reg.- de Rohleder) y Forma de Pago; estando clasificados por el tipo de persona: Dos secciones importantes: Españoles de Pura Cepa e Inmigrantes.
Saludos (Al salir del Parking)
Españoles de Pura –pero hasta la médula, ¿eh?- cepa:
-Hombres: 4’7 de cada 10 saludan. La mayoría no lo hacen hasta que te ven un par de veces antes, y te conocen.
-Mujeres: 0’81 de cada 10 saludan. Casi todas las veces levantando simplemente la barbilla. Será para que no vaya a pensar que quieren chupármela, digo yo.
-Gitanos: No saludan. Sólo he visto tres. Ellos son más de hacerse un Garaje familiar con cuatro chapas robadas de una obra y varias lonas de los carritos del Ikea.
Inmigrantes: (*)
-Negros: 7 de 8 saludan. De forma agradable, sonriendo. A veces me he asustado por ver una dentadura conduciendo, hasta que me fijé en que era un hombre, y me sonreía a la vez que saludaba. Muy amistosos. El que no saluda es joven e inexperto, y no se le da demasiado bien conducir. Creo que es el principal motivo por el que no le da tiempo a saludar.
-Sudamericanos: 1 de 5 ha saludado. Destacable que el que ha saludado rondaba los 50 y muchos, los demás eran niñatos look Latin-King.
- Moros: 1 de 3 ha saludado. El que lo ha hecho ha sido de forma agradable. Otro, pese a quedárseme mirando y yo saludarle sonriendo, se ha marchado. Qué buena gente, coño.
- Chinos: 2 de 3 saludan, muy amables. Hay que tener en cuenta que el que no lo hizo iba en moto. Si me saludaba tendría que ayudarle a desencajar su pecho de la barrera de salida, con casi total probabilidad. Espero que me lo pague en salsa de soja.
Actitud y Forma de Pago:
Maketos:
-Hombres: En general secos. Comprensible al estar pagando. Según quiénes, edad y extracto social se pueden apreciar distintas tendencias. Los viejos catetos suelen ser más agradables. Los jóvenes catetos se ofenden por los precios y les falta poco para llamarme estafador. Los pijos son correctos, pero despectivos. Lástima que tenga más estudios que ellos. Los mejores son los despistados, son amables aunque sólo sea para que les eche una mano. Pagan por lo general con algo de exceso. Pagar con 5€ una factura de 3’25€, de ejemplo práctico. Y frecuentemente por adelantado, antes de que se les diga el precio.
-Mujeres: Por lo general, agradables. La amabilidad se disipa conforme la edad aumenta, he comprobado. Viejas conduciendo… tsk… Las detesto a la hora del pago. O pagan cuentas de 1’05€ con billetes de 50 (o de 100, como me hizo anteayer una) o te pagan 7’35€ en monedas de 20, 10 o 5 céntimos. ¿No hay término medio, por amor de Michelín? (Dios de los parkings).
-Gitanos: Se acercan. Preguntan cuanto es. Le dices el precio y vociferan lo ladrones que somos los payos. Arrojan el dinero justo, en monedas pequeñas y carcomidas, en la rendija de cobro, y se van, con el porte chulo de sentirse víctimas.
Los de fuera: (*)
-Negros: Más amables que ninguno. Pese a no hablar bien el idioma, siempre sonríen y no te pitan si tardas más de la cuenta. Y lo hacen siempre, incluso cuando están pagando la mensualidad, acto que a más de uno nos quitaría las ganas de sonreír. Si se estropea una máquina de apertura, te echan una mano. Pagan con lo justo o en pequeño exceso.
-Sudamericanos: Llegan, pagan y se van. No hay más trato, para bien o para mal. Pagan con lo justo siempre. No sonríen y miran mal.
-Moros: No he tenido oportunidad de tratar con ellos en el pago, ni en actitud.
-Chinos: La única con la que he tratado es amistosa y no habla una mierda de castellano. No descarto que me llamara “sucio hijo de perra” en su idioma, pero no lo parecía, al menos. Resalta que ella saluda, si marido no, y van siempre juntos. Pero como ya digo, él conduce “un amoto”.
(*) Dato constatable: Sólo hay una mujer inmigrante. Lo demás es un campo de nabos.
Todos éstos datos esclarecen una realidad de extrema necesidad de conocimiento y vital importancia para la subsistencia de la vida en el planeta: tengo demasiado tiempo libre en el curro.
Vaya gilipollez.
¡Arrg!
Hola.
Pues a mi me parece representativo e interesante, mucho más que otros estudios y seguro que más económico también.Y añado: ¿qué sería de este país sin esa inmensa cantidad de gente que pasa su jornada de brazos cruzados? ;)
A mí lo que me resulta significativo es que, en proporción, los inmigrantes sean más agradables en el trato que los españoles de pura cepa.
Creo que lo de los negros es algo que ya sabíamos todos: el que son educados y no causan problemas de ningún tipo.
Por cierto, bástante gracisoso lo de ver a una dentadura conduciendo.
Pues ha sido una de las cosas más interesantes que he leído nunca. Supongo que debe ser que es en las pequeñas cosas en las que se notan las diferencias.