Lo que acaba de ocurrir en Francia es muy importante. Pronunciado este 29 de abril, y a la luz de la victoria holgada en las elecciones francesas, el discurso de Nicolás Sarkozy debería marcar un punto de inflexión en toda la política europea. Bercy reformula los grandes temas en educación, delincuencia, inmigración, economía politica y moralidad. Representa también un gran esfuerzo por regresar a la virtud cívica, por fundar una república de ciudadanos responsables donde se recupere el sentido de la obligación. Quizás Ortega, que ya había pronosticado la victoria de la psicología del “niño mimado”, sonreiría hoy si pudiera presenciar este principio de recuperación europea.
Yerran el tiro quienes intentan desnaturalizar la victoria del candidato conservador, señalando que los subsidios por desempleo o el “estado del bienestar” continúan siendo, pese a todo, superiores a los nuestros. Porque lo que estaba en liza era una querella por los valores, una resistencia al suicidio de la cultura, y la victoria no se ha decantado precisamente del lado de los “sesentayochistas”. Por fortuna tampoco del lado del conservadurismo frailuno, sino de una ética del orden secularista y genuinamente republicana. A la izquierda nostálgica del “savoir-vivire” parece que sólo le queda la estrategia del “rencor“, el vandalismo callejero, o el gastado recurso de agitar los espantapájaros fascistas.
Por supuesto, tampoco se trata de que se haya impuesto el “liberalismo“, al menos al estilo “100%“. El discurso de Bercy está lleno de significativas referencias a la nación y el papel del estado como identidad de resistencia, para decirlo con Manuel Castells, frente a la “uniformización y mercantilización del mundo”. En este punto se dejan notar las influencias de los intelectuales franceses rebeldes contra el progresismo y el anarquismo extravagante: Glucksmann, Bruckner, Revel. Para Sarkozy, la historia no ha concluído y la política “no puede desaparecer”.
Guy Debord y la filosofía de la irrealidad han muerto. Ahora ha ganado la república.

Como político habrá que ver como actúa, pero su discurso me ha encantado. Sublime.
Muy buen discurso. Ya me gustaría oir a uno de nuestros políticos hablar de una ciudadanía hecha de derechos pero también de deberes. Je, obligaciones…
Qué ingenuidad, chicos. Lo estaba pensando el otro día, cuando dió su primer discurso tras la victoria y habló de “autoridad”, “jerarquía”, “esfuerzo”, etc. Si sale un político español a decir eso, estalla la tele.
Todo el debate político en Francia da un poquito de envidia. Desde el tono, hasta el trato entre candidatos, pasando por la concreción en las propuestas, la exposición de las ideologías sin tapujos, como diferentes modos de ver el país.. en fin, que se nota la ventaja.
En cuanto a Sarko, pues me parece que no está tan claro que sea el salvador de la patria liberal. Depende a quién preguntes, te destacará su perfil más demagogo o más ultra, o su inteligencia, o su capacidad de adaptación, su deseo de renovar Europa, o su prioridad por los USA.. etc.
Por sus obras lo conoceremos. Porque, no nos engañemos, lo que está en liza no es una recuperación de valores, sino qué va a hacer éste político llamado Sarkozy para defender sus valores. Lo demás, y por el momento, palabras huecas.
Gabriel, no creo que a estas alturas nadie tome a Sarkozy por un liberal 100% -ni falta que hace, estoy por añadir. De momento, ya me parece algo más que significativo que el discurso de los valores este en el centro del debate político. Y, tanto si Sarko cumple un programa de recuperación como si no, tanto si opta por Thatcher como por Colbert, esto ya es una ruptura y una puerta abierta. No se trata tanto de lo que esperamos de Sarkozy o de Francia, sino, mucho más importante, lo que esperamos de la política.