Qué día más interesante.
Subo a las 20:30 en el Cercanías, para volver a casa. Subo con mi habitual cara de seriedad, vestido de negro, con mi mochila negra y mis gafas negras. Y, en cierto modo, no me sorprende que la gente me mire o no se siente a mi lado. Confieso que en ello escondo cierta coquetería apocalíptica. El caso es que tomo asiento y me dispongo a cerrar los ojos y escuchar música, como siempre. Constato, nada más apoyar el trasero, la presencia de dos chavales al otro lado del vagón. Uno viste a la manera punki, sin saber que hace 30 años que esa moda lleva muerta, enterrada y descompuesta. Su amigo y él se pasan una litrona, la botella marrón y deforme que es el preludio a una borrachera barata. Beben y beben. Ni para drogarse tienen estilo. El punki alterna eructos a frases ininteligibles. El compañero, pasivo, asiente abobado.
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Las modas son un invento estúpido.
Cada cual debería vestirse y tener una imagen acorde con su modo de ser, o como le dé la real gana.
En cuanto a la mala educación… Sí, es un mal que está presente hoy día con demasiada frecuencia.
Pero conste que a mí fumar -y lo digo por tu comentario- me parece de buen gusto y siempre es loable que alguien te regale con la magnífica imagen de un cigarrillo convirtiéndose en hermoso humo.
Pero yo no me refería a la estética cuando mencioné el civismo. Lo comenté -pongo el enlace para aquellos que no sepan de qué estamos hablando- porque el fumar en los lugares públicos, sin vender libertad, no suena precisamente muy cívico. Y afecta a la salud de terceros, a diferencia de los otros dos ejemplos que mencionabas- ridiculizar a religiosos y resultar ofensivo.