En 1965 Franco escribe al Presidente norteamericano, Lyndon B. Johnson, una curiosa carta en la que después de realizar un análisis político y estratégico de la situación que los acontecimientos posteriores revelarían como acertado, aconseja al gobierno de Estados Unidos no entrar en la Guerra de Vietnam. Las recomendaciones del dictador están basadas en su propia experiencia militar, tanto en Africa como en la Guerra Civil. Los argumentos hablan por sí mismos:
“la guerra de guerrillas en la selva ofrece ventajas a los elementos indígenas subversivos que con muy pocos efectivos pueden mantener en jaque a contingentes de tropas muy superiores; las más potentes armas pierden su eficacia ante la atomización de los objetivos; no existen puntos vitales que destruir para que la guerra termine; las comunicaciones se poseen en precario y su custodia exige cuantiosas fuerzas. Con las armas convencionales se hace muy difícil acabar con la subversión. La guerra en la jungla constituye una aventura sin límites.”
Más sorprendentes son las razones de carácter geopolítico que aduce el Caudillo, teniendo en cuenta su reconocida y proverbial alergia a todo lo de color rojo, asi como su frustrada vocación colonialista:
“La subversión en el Vietnam, aunque a primera vista se presente como un problema militar, constituye, a mi juicio, un hondo problema político; está incluido en el destino de los pueblos nuevos. No es muy fácil al Occidente comprender la entraña y la raíz de sus cuestiones. Su lucha por la independencia ha estimulado sus sentimientos nacionalistas; la falta de intereses que conservar y su estado de pobreza les empuja hacia el social-comunismo, que les ofrece mayores posibilidades y esperanzas que el sistema liberal patrocinado por el Occidente, que les recuerda la gran humillación del colonialismo“.
Y para guinda de la tarta, el juicio personal que le merece el líder norvietnamita:
No conozco a Ho Chi Minh, pero por su historia y sus empeños en expulsar a los japoneses, primero, a los chinos después y a los franceses más tarde, hemos de conferirle un crédito de patriota, al que no puede dejar indiferente el aniquilamiento de su país. Y dejando a un lado su reconocido carácter de duro adversario, podría sin duda ser el hombre de esta hora, el que el Vietnam necesita. […] En este interés superior de salvar al pueblo vietnamita y a los pueblos del sudeste asiático, creo que vale la pena de que todos sacrifiquen algo.
Da la impresión de que la crísis del 98 marcó a Franco en mucha mayor medida que a aquella célebre generación de escritores y reformistas que quisieron sacar a España de sus trescientos años de convento para meterla, si no en Broadway, por lo menos en la Exposición Internacional de París. El Caudillo odiaba a los norteamericanos por la pérdida de Cuba y Filipinas, episodio que inspiró nada menos que el debut cinematográfico del Jefe del Estado bajo el pseudónimo Jaime de Andrade, guionista de la película “Raza” (1941). Leyendo las líneas que dirige al Presidente Johnson no cabe duda de que Franco veía en la Guerra del Vietnam una némesis del conflicto hispano-yanqui de 1898.
Muy interesante anotación. Por cierto, ya se sabía, pero el caso es que Franco se expresaba en castellano con algo más que corrección.
Lástima que la gente sólo se quede con su tono de voz.
xD