Más a la izquierda de la blogprog (es decir, aquella parte de la blogosfera habitada por bitacoristas, forolaris y nanopublicadores de tendencia socialdemócrata, amén de apagadores de fogatas, perseguidores de la corrupción en las filas del PP -pero jamás en las propias-, antiaznaristas acérrimos y toda una pléyade de lumbreras que creen que hacer periodismo digital consiste en escribir loas y ditirambos en los blogs de José Blanco y Eduardo Madina), existe un lugar inhóspito en el que el exceso de corrección política ha dado la vuelta girando hacia las dimensiones de lo inclasificable. Ciudadano: ¿conoces este exótico paraje, digno de un relato de Lovecraft? Ya tuviste algunos atisbos de él la pasada Navidad, cuando el inefable Gallardón, en esa grande y majestuosa urbe de su propiedad, decoró las calles con letreros que decían cosas incongruentes como estupro, lujuria, escoria o qué se yo que más tropezones semánticos por el estilo.
Aquello pudo ser una salida de tono ocasional, un experimento desafortunado que por suerte y en deferencia al buen gusto de los madrileños este año no se ha repetido. Si ahora el intrépido navegante decide aventurarse en los hiperbóreos de la red no le saldrán al paso personajes destacados y carismáticos como el Sr. Alcalde de la noble villa del árbol y el madroño. Ni siquiera el impresentable de Joaquín Sabina, bardo canalla y otrora genial, ahora decadente y estropeado a fuerza de cubatas y cánones de la S.G.A.E. Al otro lado de esa línea que tan solo se atreven a cruzar los comentaristas de Libertad Digital, siempre vigilantes y en busca de material incendiario, habitan otras formas de vida menos sofisticadas. Comprobémoslo. Pasemos desde la blogprog, por ejemplo, a un distrito llamado Rivas, en plena cuenca del Tajuña.
Cuidado, viajero, esa figura emplumada y pintarrajeada con sangre de prisioneros derechistas que te sale al paso no es una princesa picta, como en “Rey Arturo”. Es Leire Olmeda, que te da la bienvenida con su cordialidad habitual: “Para este Año Nuevo deseo que te mueras, que tengas un infarto, que resbales en una acera con placas de hielo, que venga a verte el inspector de Hacienda y que te quiten el coche y los puntos al haberte llegado con seis meses de retraso todas las multas acumuladas del radar. Todo esto preventivamente. Pero si eres de izquierdas dímelo y te haré un veinte por ciento de descuento”.
Ya no estamos en los tiempos en que el Muro de Adriano era la última frontera del muro conocido. Ya ni siquiera está el César: lo depusieron hace años unos pretorianos que, armados de teléfonos móviles y pancartas, lograron soliviantar contra él a la plebe en plenos idus de marzo. Pero los caminos siguen conduciendo a Roma, y ahora en fracción de segundos, gracias a la red de redes. Todos hemos oido el alarido de guerra de la princesa picta, y nos ha parecido, como poco, descortés y fuera de lugar. ¡Coño, Leire, que estamos en Navidad! ¡Resérvate eso para la campaña electoral!
La princesa picta, viendo peligrar algunos de los puntos de su carnet rojo, y previendo una admonición del Consejo de Ancianos de su tribu, ha pedido disculpas. Bueno, se aceptan sin problemas. Leire, hija, levanta ese electroencefalograma, lávate la boca y en lo sucesivo no seas tan burra. Y ustedes, señores de la blogprog, no estaría de más que dejaran a un lado su doble rasero y se sumaran a la protesta. No se puede estar todo el rato censurando la estrategia sistemática del insulto y la crispación seguida por la caverna y sus medios y hacer la vista gorda ante cualquier disparate procedente de la extrema izquierda más descerebrada y cerril. No lo digo por Fraga ni por Esperanza Aguirre. Háganlo por respeto a la autonomía universitaria y por el pobre rector de la Complutense, un hombre cultivado, responsable y acaso también de inclinaciones progresistas, que no merece resbalar sobre una placa de hielo y escoñarse solo porque una niñata sin talento literario lo haya pedido como regalo de Reyes.
Muy buen artículo. ;)