Feliz… Winterval

Publicado el viernes, 08 de diciembre de 2006

La Navidad: crucificada por bienhechores
Jeff Randall
The Daily Telegraph, viernes 8 de diciembre.

Mi papelera está llena de postales navideñas. Las tiré. No, no estoy sufriendo de un desorden de limpieza obsesiva. Bueno, tal vez un poco, pero ésa no es la razón por la que he lanzado docenas de postales directas a la basura. Tampoco soy ningún Scrooge. No cada postal que me envían es tirada. Todo lo contrario. Muchas son guardadas como una fuente de gran alegría.

Mientras escribo estas palabras, estoy mirando una muy jolly mensaje de Navidad en mi escritorio de Tony Frogatt, el jefe ejecutivo de Scottish & Newcastle. Por contraste, puedo ver felicitaciones festivas de British American Tobacco anidando en la papelera, al lado de un vaso de plástico. ¿Por qué la distinción? ¿Es porque soy un fan del Ale de McEwan, pero detesto los cigarrillos Lucky Strike? En absoluto.

El proceso de selección es muy preciso. Los elementos descartados tienen una cosa en común: no soy en absoluto tarjetas navideñas, con lo cual quiero decir que, tampoco teniendo imágenes cristianas, escenas de la natividad, etc, ni siquiera mencionan la palabra “N”. Me temo que “felices fiestas” simplemente no basta.

Antes de que pregunten, no me he convertido en un fundamentalista raro. Esto no es un asunto de religiosidad (me muevo en algún lugar entre un agnóstico y un ligeramente creyente). Mi protesta es sobre resistirme a aquellos que parecen estar totalmente resueltos a convertir el Cristianismo en un crimen.

En el Reino Unido, ésta época del año es una fiesta cristiana - como debería ser. Es parte de nuestra herencia. No tienes que ser un evangelista de fuego y azufre para respetar una fe que todavía sostiene/secunda los valores e instituciones británicas tradicionales, a pesar de que gran parte de su mensaje espiritual se perdiera hace mucho tiempo en una niebla de consumismo. Desechar las postales no navideñas es mi minúsculo, casi con total certeza inútil, gesto contra las oscuras fuerzas de la corrección política. Es un golpe a aquellos que preferirían abolir la Navidad del todo, por si ofende a las “minorías”. Alguien debería decirles que, con sólo uno de cada 15 británicos yendo a la Iglesia los domingos, los cristianos son una minoría.

Ninguna de las postales no navideñas que he recibido vinieron de un loco de la corrección política. Unos cuantos eran de buenos amigos y conocidos. Pero las rechacé igualmente.

Es triste, pero supongo que nos hemos acostumbrado a que horribles concejales, como aquellos en Birmingham, traten de rebautizar la Navidad en favor de algo más multi-cultural, incluso pagano, por ejemplo, Winterval. No debería sorprendernos que mentes de tercera produzcan sólo ideas de tercera.

Pero lo que encontré tan chocante esta semana fue una encuesta de un bufete de abogados, Peninsula, desvelando que tres de cada cuatro empresarios británicos han prohibido las decoraciones navideñas convencionales, para que no ofendieran a trabajadores de otras creencias. Los jefes, decía el informe, están preocupados de que podrían ser -esperen y vean- denunciados si permitieran muestras de júbilo cristiano, pero no aquellos de otras religiones. ¿Pueden ir en serio? Si eso no fuera suficiente, las tropas de asalto salud-y-seguridad están aparcando sus tanques sobre nuestro oropel. Los trineos de Santa necesitan cinturones de seguridad, y el “riesgo” de los mince pies deber ser “valorado” antes de ser entregados a niños.

El Royal Bank of Scotland ha dicho a trabajadores que no pongan decoraciones cerca de los ordenadores, ya que podrían provocar un incendio, o se arriesguen a dañarse poniéndose de pie en los escritorios para colgar hojas de acebo. Menos mal que el CEO, Sir Fred Goodwin, no es tan tímido, o el banco todavía estaría utilizando un ábaco en Edimburgo en vez de avanzar a través de América. ¿Qué pasa con esta gente?

La paradoja de la espantosa campaña para crear una cultura de resentimiento contra las Navidades convencionales es que no está siendo dirigida por minorías étnicas ni líderes de otras religiones. Muy al contrario. Muchos no-cristianos parecen estar verdaderamente perplejos por nuestro deseo por auto-humillarnos. Cada año, recibo una auténtica postal navideña del propietario de mi restaurante indio local. Es un musulmán de Bangladesh. Si le dijera que estamos prohibiendo la Navidad, se horrorizaría. Es su mejor periodo. En mi experiencia, los musulmanes no se ofenden por los cristianos, ni siquiera en los países islámicos. Hace ocho años, mi familia y yo pasamos las navidades en Dubai. Allí, el hotel se desvivió para encontrar un clérigo cristiano (era un cura griego ortodoxo) para realizar una misa para nosotros el 25 de diciembre.

No, no son los musulmanes, judíos o hindúes quienes están detrás del empuje para secularizar la Navidad. Ellos no son los culpables. La presencia de una pequeña cruz en el cuello de una empleada de British Airways no les mueve a chillar en protesta, vomitar en el pasillo o correr para ser trasladados a otra compañía. Por regla general, no podría importarles menos. Los demonios en esta historia de crucificar la Navidad son bienhechores blancos, de clase media, cuya presunción de una moral superior es tan desgraciada como lo es asquerosa. Son entrometidos, obsesionados con imponernos su vacuo código “ético”. En opinión de Dr John Sentamu, el espléndido Arzobispo de York, son “las clases charlatanas”, que se ven a sí mismas enarbolando una bandera por una Gran Bretaña atea. En realidad, son más perniciosos que eso. Las enseñanzas y consejos de la Cristiandad anticuada les ofende, así que buscan retirar todas sus rastros de la vida pública.

Los grupos de voluntarios cristianos son hostigados con el pretexto de que ser un cristiano excluye la “diversidad”. Los sindicatos cristianos en las universidades son suspendidos porque insisten en que sus miembros tienen creencias cristianas, lo que se interpreta como una oposición al sexo gay.

Es extraordinario. En una era cada vez más atea, hay una creciente marea de odio contra aquellos que se adhieren a los valores bíblicos. Todavía no es ilegal ser un cristiano, pero ay de aquellos que se agarre a un código de comportamiento que fue una vez la norma moral. Tal y como preguntaba un colaborador en nuestra página de Cartas de ayer: Aquellos que se ofenden por la Navidad, ¿se ofenderán también por tener vacaciones pagadas el día de Navidad y Boxing Day?

No tenía que ser así. En algún momento a lo largo del camino, una loose federación de paladines de la diversidad, partidarios de la igualdad y activistas pro-derechos humanos se han metamorfoseado en una tiránica minoría para la que la Navidad es una abominación. Sus exigencias de libertad se han convertido en un asalto general sobre aquellos protestantes y católicos que deploran “la sociedad permisiva”. A estas alturas del año pasado, Jack Straw, entonces ministro de exteriores, estaba decepcionado porque sus postales navideñas oficiales contenían sólo el anodino mensaje, “Felices Fiestas”. Prometió que, en el futuro, sus postales tendrían un pensamiento realmente navideño.

Jack, dudo que esté en tu lista, pero, si me enviaras una postal auténtica, te prometo que no terminaría en la papelera.

(En España también tenemos algún que otro bienhechor. En El Mundo ya informaron, la semana pasada, de cómo en “un colegio público de Zaragoza ha decidido acabar con los belenes, con sus pastorcitos, reyes magos y, por supuesto, eliminar al niño Jesús, a San José y, claro, a la Virgen María. Dicen que el Hilarión Gimeno, cuyas aulas están en el zaragozano barrio del Arrabal, es laico y debe acabar con el festival de Navidad.”. Ya ven: gilipollas hay en todos los lados.)

Syme @ 18:05
Clasificado bajo: Estupidez


4 comentarios acerca de 'Feliz… Winterval'

  1.  
    sábado, 09 de diciembre de 2006 | 00:11
     

    Me siento completamente identificada con tu mensaje, Syme. Cada vez más observarmos la rara esquizofrenia en que vive nuestra sociedad: por una parte, la gente se siente obligada a enviarte postales y a felicitarte de alguna manera, porque su fuero interno les grita que esta época es especial.

    Pero como lo que toca es ser correcto, te envían mensajes extraños en tarjetas con imágenes de lo más pintoresco.

  2.  
    Fernando
    sábado, 09 de diciembre de 2006 | 14:57
     

    En Madrid no hay nada más que ver la iluminación que ha puesto Gallardon en la mayoría de las calles y en la felicitación que ha enviado. En ambos casos se trata de eliminar cualquier motivo que recuerde algo tradicional navideño

  3.  
    sábado, 09 de diciembre de 2006 | 15:10
     

    Un detalle sobre el colegio Hilarion Gimeno: celebran Halloween.

    Y seguro que si tienen alumnos musulmanes, el comedor respeta sus creencias religiosas respecto a la comida.

  4.  
    domingo, 10 de diciembre de 2006 | 05:11
     

    La Navidad crucificada por bienhechores…

    Metiendo a piñon la navidad cristiana, la navidad consumista, gays, ¡de todo!….

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