Los países-canalla tienen extraños métodos para obtener divisas. Uno de ellos consiste en enviar mano de obra a las empresas de Europa Oriental, donde trabajan en puestos de diversa condición y se ven obligados a entregar una parte substancial de sus salarios al estado. En la República Checa, por ejemplo, hay alrededor de 400 mujeres norcoreanas empleadas en Snézka, un proveedor de componentes para el Automóvil, fabricando tapicerías y apoyabrazos destinados a BMW, Mercedes y Renault. La mano de obra norcoreana también trabaja, por decreto del régimen de Kim Jong Il, en los astilleros polacos de Gdansk, en los mismos talleres donde se fundó el Sindicato Solidarinosc.
Estos esclavos modernos viven discretamente, y no se relacionan con el entorno local más que bajo la estricta supervisión de sus cuidadores coreanos. Los contratos son del todo legales: los soldadores de Gdansk son operarios especializados transferidos desde la empresa estatal General Construction. Asimismo, las condiciones laborales y sanitarias de los trabajadores norcoreanos empleados en Snézka cumplen escrupulosamente las normativas legales de la República Checa.
Según el activista checo Vlastimil Vintr, de la I.O.M., los norcoreanos no se quejan por miedo a que el régimen comunista tome represalias contra sus familiares, capturándolos como rehenes o internándolos en campos de trabajo.
(Leído en el semanario alemán “Der Spiegel” - 49/2006).
“Los países-canalla tienen extraños métodos para obtener divisas. Uno de ellos consiste en enviar mano de obra a las empresas de Europa Oriental, donde trabajan en puestos de diversa condición y se ven obligados a entregar una parte substancial de sus salarios al estado”
Esto, por cierto, es exactamente lo ocurrido con los médicos cubanos “empleados” en Venezuela.