Hace tiempo, discutiendo con un amigo sobre la Guerra Civil española, comprendí que no íbamos a poder sacar nada en claro porque nos hallábamos en el movedizo terreno de lo sagrado. La Guerra del 36 es el mito fundacional de la izquierda española -no así ya de la derecha, de la civil al menos-, y tocar una sola piedra de los cimientos del mito es tanto como mover la Kaaba. A cualquiera que pretenda contemplar la Guerra como un acontecimiento propiamente histórico, con sus causas y subprocesos, y no sub specie aeternitatis, como un conjunto cerrado de certidumbres ideológicas o una representación dramática acabada, le espera seguramente verse envuelto en alguna refriega. En ella se encontrará desde ceros a la izquierda como Rivas y Prado hasta historiadores competentes como Moradiellos, pasando por fantoches oportunistas del corte de un Reig Tapia. No debería escandalizarnos el debate historiográfico si se tratase de eso, de un debate argumentado en torno a hipótesis contrapuestas como el que generó en Alemania y EEUU, por ejemplo, la controversia Goldhagen. Lo preocupante es el cariz de ajuste de cuentas que ha adquirido en España, y la indisimulada voluntad del poder político de erigirse en campeón de una de las versiones.

En El mito del eterno retorno, Mircea Eliade desarrolló la idea de que el ritual es un acto por el que se anula el tiempo lineal de la historia y se recupera el tiempo cíclico, ahistórico, del mito; la repetición pautada de un acontecimiento mítico acaecido in illo tempore, en el tiempo de los orígenes, mediante el que se renueva el orden fundado en dicho momento originario. Es difícil no pensar en esta clave de interpretación cuando se habla de una “memoria histórica” que es en sí misma un oxímoron: el tiempo de la memoria no es el de la historia sino el del mito. Conmemorar es volver a vivir; y, además, hacerlo juntos, lo que nos señala otra cualidad del ritual: su carácter común, colectivo, inevitablemente grupal. La celebración común del rito afianza los vínculos de copertenencia entre los participantes y refunda un orden que es necesariamente moral: pues en el mito, como en la memoria, los elementos no se relacionan causal sino moralmente.
El ritual legitima un orden. Las celebraciones franquistas sancionaban el orden político emanado de la Guerra. Hoy se pretende que el nuevo ritual de la memoria histórica legitime el orden cultural nacido de la misma: el orden por el que los vencidos militar y políticamente habían sido los vencedores morales. No puede extrañar que un gobierno que ha hecho del moralismo el eje de su retórica lo apruebe y patrocine. Pero, como es evidente, su interés no acaba ahí: el nuevo orden excluye a quienes, en el illud tempus de 1939, perdieron moralmente y debieron perder también políticamente. Eliade sostenía que el mito del eterno retorno era el refugio frente al terror de la historia: la angustia ante la incertidumbre de un tiempo lineal, indeterminado y desvinculado de la moralidad. En el juego político de hoy día, el terror de la historia se manifiesta como la incertidumbre ante la ausencia de mayorías electorales claras, que obliga a establecer alianzas estratégicas en los márgenes del Estado o a deslegitimar al adversario relacionándolo por vía genética con un pasado censurable. El gobierno y sus intelectuales orgánicos, con la indocta colaboración de los habituales tontos útiles de la extrema izquierda, proponen la conmemoración de la Guerra Civil como un ritual por el que la derecha de hoy regresa al tiempo mítico y adopta los rasgos del espantajo fascista, mientras la izquierda y el socialismo representan el papel del héroe. De aquí que cualquier indagación en la ejecutoria histórica y no mítica de dicho héroe les huela a cuerno quemado. Mientras, en el presente, ya toda la derecha -y parte del resto- es “extrema” y queda, por lo tanto, fuera del orden legítimo.
Volviendo al carácter colectivo o social de la memoria, es difícil -o acaso no tanto- entender qué copertenencia se quiere afianzar con rituales que conmemoran sólo a la mitad de los españoles de 1936 y cuyo fin último es minar la legitimidad política de la mitad de los de ahora.
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Es así de simple; y así de complejo.
Pero más importante que el objeto o el ritual litúrgico, cambiante pero obligatorio, es la actitud de las personas, de cada persona: todo , absolutamente todo lo relativo a estas actitudes está basado en la envidia, la amargura, el odio, y ahí encuentra un cauce de proyección personal que además lo hace aparentar ante uno mismo como una actitud magnífica.
Esa es la trampa, y la gente sigue cayendo. Igual nosotros somos los otros, los equivocados.
La verdad, Chema, no sé si creerte a tí o a los de Amnistía Internacional, que creen que el gobierno ha hecho tabla rasa y ha sido demasiado blando con la Ley de la Memoria Histórica. Lo cierto es que me quedo en el medio de los dos argumentos, que es donde precisamente se halla el gobierno. La mierda no hay que removerla excesivamente porque ni no huele peor…
O sea, la mierda hay que removerla, pero claro, hay niveles de hedor que se pueden soportar para quedar bien.
Es una ley que ni gusta a los que quieren justicia, ni gusta a los que opinan que es mejor no meneallo. No es ni carne ni pescado, ni chichá ni limoná, es nada, como casi todo lo que ha hecho el presidente Rodríguez
Eso, quédate enmedio. Es el mejor sitio para no tener que tomar partido. Ya sabemos que el lugar de honor en el infierno está reservado a aquellos que nunca tomaron partido.
No se, particularmente no veo que el problema sea “hacer justicia” o no hacerla, sino aplicarla a todo el mundo.
Es decir, me parece perfecto que se pretenda desagraviar a los inocentes asesinados o a sus familias, lo que no que solo a los inocentes asesinados de un bando, pero no los de otros.
O sea, que dificilmente puede hablarse de justicia cuando mientras se estaba haciendo la ley, entre los mismos que la hacian, presidente del gobierno incluido, se hacia un homenaje a Santiago Carrillo, que dificilmente puede considerarse por cualquier observador no partidista como un ser inocente sin responsabilidad alguna en lo que sucedio en la guerra.
Y es que inocentes, asesinos despiados y criminales hubo en ambos bandos, y tan poco democratas eran los requetes o los falangistas, como los anarquistas, comunistas y demas. Si se trata de recordar la memoria de los que murieron injustamente y de difamar la de sus asesinos, perfecto, el problema es que por algun sector, se pretende difamar la de un bando al completo, y proteger todo lo que hizo el contrario.
Y eso ya sabemos de que va, que ya lo hacia Franco, pensaba que ya no se trataba de hacer propaganda, sino de ser capaces de hacer analisis serenos y mesurados sin partidismos ni ideologias. Pero claro, esto es España, y a maniqueos no nos gana nadie, sea uno de derecha o de izquierda…
LEY DE LA MEMORIA HISTÓRICA
Rafael del Barco Carreras
Desde luego no la he leído. Música de palabras para, en el mejor de los casos, los sentimientos, y en lo peor, interesados postulados. Otro eslogan. Lo malo es que termine con más dinero para SINDICATOS Y PARTIDOS convertidos en herederos de quienes ni hicieron testamento, ni pudieron hacerlo. Para los millones de a pie otra sinfonía sin sentido. ¿Recordará a mi tío Alberto muerto en la guerra de África del 21 con mi abuela removiendo los miles de cadáveres esparcidos por el Rif, carne de cañón por no poseer las 2.000 pesetas que le hubieran librado del Servicio a la Patria, o devolverá a mi padre la parada de la Plaza de la Libertad de cuando en el 36 huyó porque pretendían fusilarlo en la Rabasada por burgués?. ¡Las tristes memorias de la Historia!. O ¿revisará una sentencia de ya 1980 con unos JUECES entre endiosados o corrompidos franquistas?. Porque el Franquismo duró muchos años después de muerto Franco, y aun, como demuestran tantas sentencias del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, o la propia ONU dictando HACE UNOS ESCASOS DOS AÑOS contra España por el incumplimiento de la Carta de Derechos Humanos en cuanto al firmado compromiso de la DOBLE INSTANCIA, pues el simple recurso de casación ante el SUPREMO, aunque últimamente se haya legislado y con amplia jurisprudencia, al no valorar las PRUEBAS, convertidas POR LOS CONSIDERANDOS DE LA SENTENCIA en irrecurribles e indiscutibles DOGMAS DE FE a tenor de la SOBERANÍA DE LA SALA JUZGADORA, no se puede considerar DOBLE INSTANCIA. Miles, todos los sumarios y sentencias del FRANQUISMO, y de después, son no solo torticeros, y en demasiados casos obtenidas las culpabilidades bajo tortura, sino injustos e inmorales, y TRAS FIRMAR LA CARTA DE DERECHOS HUMANOS DE LA ONU, de 1948, ILEGALES por incumplimiento de las garantías firmadas por el ESTADO JUZGADOR.
Para que nos entendamos, figúrense, UNA SALA compuesta por los jueces Luis Pascual Estevill, Penalva y Lavernia (jueces condenados por prevaricar, además amigos) que en contubernio con el Bufete Piqué Vidal (en los tres casos, real), donde además TRABAJA un sobrino o hijo del Fiscal X (cierto), sentencian (con testigos fabricados) que usted estaba donde no estaba o que era íntimo (o sabía la procedencia de un dinero), redactando una SENTENCIA donde lo dan por PROBADO, sin posible segunda INSTANCIA. Los interesados profesionales de la Justicia me contestarán que existen y existían mecanismos de revisión de sentencias, y yo les contesto que después de veinte años, cuando es evidente la inmundicia de jueces y abogados, todo prescrito, y ni lo intente REMOVER CASOS. ¡Lacerante la patada en el trasero a las hermanas PUIG ANTICH!. La Amigocracia, Endogamia, o sentimiento de grupo, profesión o clase, acabarán de amargarle la vida, si no ¡mucho peor!.
Y en cuanto a los muertos, que siempre se quedan solos, y son los únicos perdedores de todas las guerras y revoluciones, de los que repito nadie es heredero o propietario más que sus íntimos y familia, que se les entierre como manda el ordenamiento jurídico desde el Imperio Romano, que hasta en eso demostraron los Jueces Franquistas su perversidad ideológica impidiendo la exhumación de fosas comunes, la mayoría tras los muros de los cementerios.
¿Y que quiere la gente?, entre muchas cosas que no se les insulte con chorradas de políticos, y que esa MEMORIA HISTORICA, en lugar de repartir cargos y “jubilaciones” como en la TRANSICIÓN, solucione además de las injusticias del Franquismo las perpetuadas por sus ADICTOS muchos años después de muerto su ADORADO DICTADOR. Y concretando, solucionar a los miles de empresarios y obreros que arrastrados en la a menudo insuperable ECONOMÍA SUMERGIDA, y tanta quiebra, no pudieron alcanzar las doradas jubilaciones de los funcionarios públicos o privados, o esas “anticipadas” políticamente necesarias, manteniéndose con 0 € antes de los 65 años, o después con la dádiva de 330€ mensuales. Pensiones no contributivas, o SOVI, para quienes como esclavos durante años trabajaron a destajo, porque quien no tiene más que sus manos para proporcionarse el alimento trabaja y trabajó más que el que legalmente contribuye. ¡Que se lo pregunten ahora a tanto negro, con o sin papeles, que sustituyen a los desgraciados españoles en crónico “paro” pero trabajando!.
¿Podría esa Ley desposeer a tanto funcionario, o sus herederos, enriquecidos con Franco y de mucho antes…generales, inspectores del timbre, de tasas, de abastos, notario, presidente de audiencia, general o guardia civil…o comisario político?. Dejemos que la Historia se escriba sin LEYES, máxime ahora que INTERNET refleja la de TODOS y se puede promediar…entre sentimientos y datos contrastables, si es que los datos se pueden contrastar y los archivos no son más que un pozo sin fondo de MENTIRAS por interesadas tergiversaciones.
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