Una de las cosas que percibo cuando vuelvo una temporada a España es la cantidad de noticias a la que me he visto expuesto al final de la jornada. No me refiero a los asuntos en los que mis amigos me ponen al día (Fulano lo ha dejado con Menganita, Zutanito ha salido del armario) sino al bombardeo mediático al que me veo sometido en lo siempre ha sido mi hogar.
En mi casa siempre hemos estado “muy informados”: Se compra el periódico todos los días y se ven todos los telediarios. Cuando estamos cenando viendo la edición nocturna de las noticias, me doy cuenta de que nos estamos tragando la misma información que ya comimos al mediodía, y me pregunto si no podríamos apagar la tele y centrarnos en contarnos un poco más de nuestras vidas. Al fin y al cabo, los políticos que ya habían trincado diez millones de euros esta mañana no pueden haber trincado mucho más durante el transcurso del día.
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