Sam Harris, sobre el diálogo religioso

Ya habíamos avisado sobre la irrupción en el debate público de los “nuevos ateos” -aunque la “novedad” se remonte en realidad al siglo XVIII, como apuntaba hace poco Mario Bunge.

Sam Harris es uno de los que ha planteado con más claridad la clase de turbulentos malentendidos a los que puede conducirnos el así llamado “diálogo interreligioso”. La única salida viable al estado perdido (en “aporía”) de la humanidad religiosa radicaría en el ejercicio de la razón basada en el derecho natural, en la ciencia común a todos los pueblos. Pero, ¿puede realmente ésta ciencia común y esta civilización basada en la ciencia fundamentar una nueva sociedad política, o bien deberíamos reconocer los límites del naturalismo?

Fué Jean Jacques Rousseau quien planteó no sólo el ya clásico tema de la peligrosidad social del ateísmo, sino el mucho más genérico de la peligrosidad política de la ciencia. Ciencia y Política serían incompatibles, en la medida en que la verdad universal podría terminar socavando las mentiras (políticas) locales (Ibn Hazm de Córdoba ya distinguió, por cierto, entre las ciencias comunes y las ciencias particulares de cada pueblo). La ciencia política, en cierta visión neoconservadora, terminaría siendo el arte de hacer olvidar la naturaleza.

La propuesta de los “nuevos ateos” discurre exactamente en el sentido inverso.

Sam Harris

La fé no curará a un mundo dividido

La mayoría de los cristianos creen que Jesús era el Hijo de Dios y, por tanto, divino; los musulmanes, sin embargo, creen que Jesus no era divino y que cualquiera que piense otra cosa sufrirá los tormentos del infierno (Koran 5:71-75; 19:30-38). Estas diferencias de opinión nos ofrecen tanto espacio para el compromiso como el canto de una moneda.

Si puede encuentrarse un suelo común para el diálogo interreligioso, solo se encontrará en la gente que está dispuesta a mantener sus ojos apartados del abismo que divide su fe de la de los demás. Ya es hora de que comencemos a preguntarnos si semejante estrategia de amabilidad y negación curará alguna vez las divisiones de nuestro mundo.

El verdadero diálogo requiere voluntad para modificar las propias creencias a través de la conversación. Tal apertura a la crítica y la investigación es la misma antítesis del dogmatismo. Merece la pena observar que la religión es el área de nuestras vidas donde el fe en el dogma; esto es, creer sin evidencia suficiente, se considera una virtud. La ciencia es, de hecho, el único dominio en el que cada persona puede conseguir un gran prsetigio por probar que estaba equivocado. En la ciencia, la honestidad lo es todo. En religión, la fé lo es todo. Así de irritante resulta la comparación.

Allí donde los seres humanos realizan un esfuerzo honesto para alcanzar la verdad, trascienden confiadamente los accidentes de su nacimiento y su upbringing (crianza). Por supuesto, sería absurdo hablar de “Física cristiana” o de “Algebra musulmana”. Y no hay algo así como una ciencia Iraquí o Japonesa en cuanto distinta de la americana. La gente razonable realmente tiene un monopolio de la verdad. Y aunque no estén inmediatamente deacuerdo en todo, un suelo común los rodea por todas partes. Consecuentemente, no existen impedimientos significativos dentro del discurso científico: no siempre es bello, pero la conversación continúa sin apelaciones a la fuerza o deferencia hacia el dogma. Hay dogmas científicos, por supuesto, pero donde quiera que se encuentren, han sido clavados con golpes de martillo. En la ciencia, es un pecado cardinal pretender conocer todo lo que no conoces. Pero tal pretensión es la misma esencia de la fe religiosa.

No es un accidente que el discurso científico haya producido una extraordinaria convergencia de opinión y unos resultados considerables. ¿Qué ha producido el diálogo interreligioso? Las reuniones entre representantes de las mayores religiones del mundo producen poco más que banales llamamientos a la paz y la voluntad de ignorar aquello en lo que los participantes creen con más fuerza – que la otra parte de la conversación probablemente pasará la eternidad en el infierno por sus equivocaciones a cerca de Dios. La diferencia entre el discurso científico y religioso nos debería decir algo sobre donde situar nuestras esperanzas para un mundo no dividido.

Esta traducción es informal. El artículo original puede leerse en On Faith.

BilbaoPundit

Categorías: Inclasificable
Escrito por: BilbaoPundit

4 respuestas a “Sam Harris, sobre el diálogo religioso”

  1. BilbaoPundit :: Sam Harris, sobre el diálogo religioso :: November :: 2006 Dice:

    [...] DLM [...]

  2. Anandryne Dice:

    Bien. Pero lo que yo no entiendo es por qué ciencia y religión tienen que tener un debate, un enfrentamiento.
    El ofrecimiento de tener tierra alrededor, irremisiblemente me lleva a imaginar un nuevo culto donde los sacerdotes llevan batas blancas y se esconden tras fórmulas. Ciencia y religión no responden a las mismas preguntas, pero tienen en comùn aferrarse a sus errores. Cosa que se puede mirar con condescendencia en la religión, pero que hace tener ganas de mirar para otro lado en la ciencia.

    No, no me parecen campos comparables ni equiparables, ni veo la necesidad de hacerlo. En cuanto a las esperanzas en un mundo no dividido, creo que donde pone esperanza debería poner otra vez “fe”.

  3. BilbaoPundit Dice:

    No, el “ateísmo científico” no se pretende implantar políticamente. Es muy improbable que las religiones simplemente desaparezcan, o que encontremos algún sustituto “racional” que suministre las ventajas sociales y políticas que hoy proporciona la religión. Aún así, es conveniente estudiar “científicamente” la religión y elaborar criterios que permitan distinguir entre la piedad saludable y la piedad nociva. Sin ejercitar esta razón natural, no tendríamos ninguna posibilidad de criticar racionalmente el islamismo, por ejemplo. En este sentido, el secularismo y la ciencia son más importantes aún que la religión para la supervivencia de las sociedades liberales.

    Lo que se pretende no es sustituir las casullas por las batas blancas, sino visibilizar el naturalismo y el ateísmo. Lo que pretenden Harris, Dawkins, o Dennett no es edificar una nueva “Iglesia científica”, sino normalizar políticamente el ateísmo y el naturalismo, de modo que en un futuro candidatos increyentes puedan ser elegidos en igualdad de condiciones con los creyentes.

    En cuanto al enfrentamiento entre ciencia y religión, aunque este es un debate muy proceloso, me parece evidente que existe. Sería muy difícil entender nuestra historia sin entender los conflictos constantes entre Ciencia y Religión. La “armonía” entre ambas es una idea pía y falsa, aunque pueda ser conveniente en ciertas circunstancias para “no armar jaleo”.

  4. Anahí Seri Murciano Dice:

    He traducido la entrevista con Sam Harris de Truthdig, en principio era para Rebelión, pero allí no les interesa. Tal vez vosotros la queráis poner en vuestra web. Os mando el archivo con mucho gusto

Responder