
Nadie duda a estas alturas de que India es ya un actor importante de la economía mundial. Sin embargo, y pese a este saludable avance, el gran progreso económico de algunos centros urbanos (al estilo de Bangalore) y de una minoría relativa técnicamente muy cualificada continúa siendo compatible con estados de miseria y discriminación escasamente tolerables.
Muchos bobos (bourgois & bohemian) pos-hippys y ecumenistas occidentales apenas son capaces de resistirse al encanto del incienso oriental. No siempre se destaca, en cambio, el papel negativo que aún juegan las estructuras religiosas y sociales de las “culturas hindúes”. Por más que se insista en la necesidad de instituciones democráticas, en el diseño de una burocracia eficiente o en la apertura de mercados, todas las reformas serán insuficientes en tanto y cuanto no encarnen adecuadamente en la estructura cultural profunda de la nación, como nos recordó Francis Fukuyama, en un excelente trabajo de síntesis sobre las estrategias internacionales de construcción del estado.
Uno de los agujeros negros de la cultura hindú, en amplios sectores suyos, es la práctica muerte social que sufren todavía muchas viudas que sobreviven en la sociedad tradicional. Dado que carecen de posibilidades auténticas para participar en la “economía producitiva”, y dadas las magras ayudas que reciben de la familia extendida, muchas de ellas son literalmente obligadas por sus mismas familias a trasladarse a la ciudad sagrada de Vrindavan, al norte de India, donde existen miles de templos dedicados a Krishna. Vindravan es popularmente conocida como “la ciudad de las viudas”, un asilo para miles de mujeres dedicadas íntegramente a la oración como práctica de liberación (moksha). Me pregunto en qué sentido deberíamos aún ser “respetuosos con lo sagrado”, por mencionar el contenido de uno de los últimos discursos de Benedicto XVI. Ninguna de estas oraciones informa sobre la estructura patriarcal de la sociedad y su sanción “sagrada” en la religión organizada, que consagra extraordinarias diferencias entre las personas que enviudan:
- A diferencia de los varones indios, a las viudas de Vrindavan apenas se las permite volver a casarse.
- A diferencia de los varones indios, a las viudas de Vrindavan se las despoja de sus derechos de propiedad.
- A diferencia de los varones indios, a las viudas de Vrindavan la condición de viudas les proporciona un status social y religioso de segundo grado.
- A diferencia de los varones indios, las viudas de Vrindavan reciben un escaso beneficio en el reparto de los bienes familiares.
En este informe puede consultarse un estudio de caso muy detallado, y aquí pueden encontrarse más datos sobre la explotación sexual que sufren las mujeres viudas en la “ciudad sagrada”.
Pensarlo la próxima vez que leáis el Bagavad Gita. Fazal Sheikh ha realizado algunas impresionantes fotografías (Vía The Globalist).
[…] Paralelamente en Disculpen las molestias. […]
La afición de la progresía, desde hace ya muchos años, por este tipo de culturas, seria para reirse si no fuera para gritar.
Pretender respeto a este tipo de actitudes es algo que no puede caber en la cabeza de nadie que crea en los derechos humanos. El Papa se equivoca, como se equivocó pidiendo perdón por algo que no tenía nada de ofensivo. ¿Éste es el peligroso radical heredero de la inquisición que nos habían presentado?
Pero se equivocan aún más los progres, teóricos defensores de los derechos humanos.