Con Coughlin
Daily Telegraph, martes 10 de octubre
Al fin los líderes mundiales han encontrado algo en lo que todos pueden estar de acuerdo. De Washington a Pekín, de Moscú a París, de Islamabad a Delhi, de Londres a Tokio, ayer fueron todos unánimes en su condena del anuncio de Corea del Norte de que había realizado una exitosa prueba de su bomba nuclear de fabricación propia.
En Washington, la Casa Blanca exigió que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tome una acción inmediata para castigar a Pyongyang por su flagrante desafío a la opinión mundial, mientras en China, el único país con algo cercano a unas relaciones normales con el reaccionario régimen comunista de Corea del Norte, el Ministerio de Exteriores emitió un irreflexible comunicado que exigía que Corea del Norte cumpla sus promesas de desmantelar su programa nuclear y “detenga cualquier acción que empeoraría la situación”.
Desde que el Presidente George W. Bush identificara por vez primera a Corea del Norte como parte de la troica de naciones rebeldes que, con Irán e Irak, formaban un “eje del mal”, ha habido una distintiva carencia de unanimidad entre las potencias mundiales sobre cómo abordar la creciente amenaza a la seguridad global planteada por la mortífera combinación de proliferación nuclear y estados rebeldes.
Irak, donde, como concluyó el informe final del Iraq Survey Group, Saddam Hussein estaba determinado a reanudar el desarrollo de su programa de armamento nuclear, Gran Bretaña y América se mantuvieron solas en su exigencia de que el dictador iraquí se enfrentara a las consecuencias de su desafío de una década a la ONU.
En Irán, donde ha habido una alianza más amplia, con otras potencias europeas como Alemania y Francia estando de acuerdo en que a los ayatolás no se les debe permitir desarrollar una capacidad indígena de enriquecimiento de uranio. Incluso importantes estados no-alineados, como India, Sudáfrica y Brasil, perdieron eventualmente la paciencia con las protestas de Teherán de que sus intenciones eran completamente pacíficas, cuando todas las evidencias sugerían lo contrario.
Pero no fue hasta ayer, y la revelación de que el decididamente excéntrico presidente Norcoreano Kim Jong-il se había unido al selecto club de potencias nucleares, que ha surgido algo parecido a un amplio consenso para enfrentarse a la dictadura posiblemente más inestable del mundo.
Este, al fin y al cabo, es un país donde la cúpula del régimen está preparada para dejar a una décima parte de los 22 millones de personas de la nación a morirse de hambre mientras ellos se entretienen organizando viajes para visitar Disneyland.
Y no es que el “Querido Líder”, como le gusta ser conocido a Kim, quedaría muy fuera de lugar codeándose con personajes como Mickey Mouse y Pluto. Con su peinado a lo Elvis, sus gafas de gran tamaño, y traje de pijama khaki, parece más un fugitivo de un asilo para lunáticos norcoreano que un jefe de estado en activo.
Se dice que la razón por la que lleva zapatos con plataforma y estiliza su pelo con un copete exótico es para que, en sus escasas apariciones públicas, parezca ser más alto que su 1′64m. Los pocos diplomáticos que han tenido el placer de conocerle en persona le retratan como un hipocondríaco vano, paranoico, engullidor de coñac. Y para colmo, el Dr. Strangelove asiático tiene ahora un arma nuclear a su disposición.
En estas circunstancias realmente terroríficas, los líderes de las mayores potencias mundiales merecen ser aplaudidos por acordar que no entra en los intereses de nadie permitir a tal hombre y a tal régimen tener acceso a un arsenal tan devastador. El problema es que se han despertado demasiado tarde ante la amenaza que suponen los estados rebeldes que buscan armarse con armas nucleares.
En los cuatro años desde el discurso del “eje del mal” de Bush, la constante discusión sobre cómo manejar a los regímenes rebeldes ha permitido a los propios regímenes proceder rápidamente con sus diabólicos esquemas. Aparte de la prueba de una cabeza nuclear de ayer, los norcoreanos han desarrollado con éxito una gama de misíles balísticos que pueden golpear a objetivos a través de Asia, como demostraron cuando lanzaron un misil sobre Japón.
Los norcoreanos han hecho también una significativa contribución a la causa de la proliferación de armas nucleares. Aparte de proporcionar a los iraníes con versiones de su misíl balístico Nodong, científicos norcoreanos han estado asistiendo a los iraníes con el desarrollo de su propio programa nuclear militar.
Los iraníes, mientras tanto, se han aprovechado de las divisiones internacionales sobre ese programa para hacer significativos avances tecnológicos, hasta el punto de que la mayoría de servicios de inteligencia occidentales creen que los iraníes tienen ahora la tecnología para enriquecer uranio para armas.
Todo lo cual sugiere que los intentos mundiales de frenar la proliferación nuclear, especialmente desde los ataques del 11 de septiembre contra América, han sido un absoluto desastre. Porque si Irán, como Corea del Norte, tiene éxito uniéndose al selecto club de potencias nucleares, entonces es inevitable que otros países intenten adquirir sus propios arsenales nucleares.
En Asia, esto podría significar que Japón y Corea del Sur, mientras que en el Oriente Medio cualquier cantidad de países, desde Egipto hasta Arabia Saudí, se verían obligados a tomar la opición nuclear en interés de la defensa nacional.
Las semillas de la proliferación nuclear están siendo sembradas en todo el mundo, y las consecuencias son en última instancia mucho más alarmantes que la última vez que el mundo se tambaleaba hacia el Armageddon nuclear, durante la Guerra Fría. Entonces, el concepto de destrucción mutua asegurada, donde el conocimiento de que cualquier ataque nuclear supondría la aniquilación instantánea del atacante, significaba que incluso los ideólogos más entregados de ambos bandos de la divisoria Este/Oeste se alejaran asustados de una confrontación directa.
Pero la razón y la lógica no son factores que vayan a entrar necesariamente en los cálculos de tiranos paranoicos como Kim, que está convencido de que el mundo ya está entregado a la aniquilación de su régimen, o los ayatolás en Teherán, que son abiertamente despectivos hacia esfuerzos terrenales, y buscan activamente su salvación espiritual en el otro mundo.
Estas son amenazas que el mundo, más que los estados individuales, tienen que confrontar al unísono, y el mejor lugar para que eso ocurra es en la ONU. Pero a pesar de todas las conversaciones para reformar un cuerpo que es lamentablemente inepto para abordar las amenazas a la seguridad de la era moderna, la ONU pemanece incapaz de aceptar el desafío.
En posiblemente la coyuntura más crítica en la historia de la organización, los Estados miembros escogieron esta semana como su nuevo secretario general al Ministro de Asuntos Exteriores de Corea del Sur, Ban Ki-moon, un nombre que con muy poca probabilidad infundirá terror en los corazones de los déspotas de Pyongyang y Teherán.
Seguramente, con la seguridad mundial en un estado tan precario, sería un gobierno valiente el que hoy abogara deshacerse de su disuasión nuclear, ya sea en Gran Bretaña o en otra parte.
Bueno, como dirian los progres, ¿si USA tiene la bomba, porque no Corea del norte o Iran?…de hecho, estoy seguro que muchos preferirian que las tuvieran esos paises que USA, que es para ellos la verdadera raiz del mal mundial…el peor estado del mundo, como me decia una progre no hace mucho…
Lo más curioso es ver a los progres atacando el programa nuclear coreano mientras alaban el iraní.
[…] UPDATE: An interesting article from the Telegraph: The West woke up too late to the nuclear threat of rogue states. (Found at Disculpen las Molestias) EEUU presentó una resolución en la que se imponían una serie de sanciones a Corea del Norte por la prueba nuclear. Estas eran no dejar entrar material que pudiera ser usado para hacer ADM, inspecciones de todos los buques cargueros que entren y salgan de Corea del Norte, el final de todas las transacciones financieras usadas para apoyar la proliferación nuclear y una prohibición para importar bienes de lujo. Japón por su pare ha establecido restricciones a sus transacciones comerciales con Corea del Norte y sobre los ciudadanos norcoreanos que quieran entrar en el país nipón. Asimismo, también ha prohibido a los barcos norcoreanos atracar en puertos japoneses. Estas medidas pueden ser penosas para la economía norcoreana que recibe muchas divisas procedentes de la exportación de setas y almejas a Japón y cuyo único medio de comunicación con este país son los ferries. Corea del Norte ha anunciado “grandes represalias” contra Japón. Hace unos días ya escribí que el principal problema para imponer una sanción a Corea del Norte era precisamente China. Pues bien, después de protestar mucho cuando Corea del Norte hizo la prueba nuclear, ahora no es partidaria de que se le impongan muchas sanciones. EEUU ha tenido que presentar una nueva propuesta de resolución en la ONU, en la que ya no se exige un registro de los barcos que entran y salen de Corea del Norte, medida que es vital según los expertos, porque de esa forma se impediría que llegara dinero procedente de drogas o de falsificación, para financiar el programa armamentístico. Eso sí, Koffi Annan le ha dicho a EEUU que a ver si dialoga con Kim Jong Il, diciendo: “Creo que siempre hay que hablar con las personas cuyo comportamiento debemos cambiar”. NO comments Mientras crecen las dudas sobre si efectivamente Corea del Norte tiene la bomba realmente. […]