Conspiranoias de septiembre, conspiranoias de marzo

Publicado el miércoles, 13 de septiembre de 2006

El quinto aniversario del atentado contra las Torres Gemelas ha reactivado la corriente de historias conspirativas en torno a la catástrofe. Hace pocos años un escritor sensacionalista francés, Thierry Meyssan, autor de “La gran impostura”, intentaba convencer a sus lectores de que lo que había impactado contra el Pentágono no fue un avión, sino un missil disparado por la U.S.A.F. Como prueba de ello mostraba fotografías de los pocos lugares de la explanada cercana al edificio en los que no había restos del aparato que, efectivamente, sí se había estrellado contra la fachada. Me recordó a Jesús Caldera mostrando aquel famoso informe manipulado sobre el Prestige. A otros les parecía extraño que ese día ningún judío hubiera acudido a su trabajo en las oficinas del World Trade Center. De haberse molestado en mirar la lista de víctimas habrían encontrado a más de 50 muertos y desaparecidos de nacionalidad israelí.

Las teorías reeditadas no son producto de una psicosis de masas. Hay detrás de ellos una clara intención crematística. En otras palabras: el arte de la conspiranoia –siguiendo la estela de Meyssan, cuya gran impostura es, precisamente, la que él mismo creó para ganar dinero con su infecto libro- se practica con el fin de publicar o adquirir notoriedad. Un grupo de amigos ha hecho un documental de bajo presupuesto para abrir brecha rumbo a Hollywood. El ejemplo más patético lo tenemos, cómo no podía ser menos, en España, donde una oscura página web tiene la desfachatez de pedir al público medios financieros que le permitan continuar su investigación.

Hablando de nuestro país cabe decir que la conspiranoia nacional en torno al 11 de marzo sigue siendo un cadáver que goza de excelente salud. Concienzudos bitacoristas y reporteros de investigación como Luis del Pino, Casimiro García Abadillo y Fernando Múgica se encargan de velar por él y administrarle cuidados en su UVI mediática. ¿Su método? Bien simple: tamizar el sumario del Juez del Olmo en busca de incoherencias y contradicciones. ¿Los resultados? Inquietantes, espectaculares, morbosos… salvo para aquel que esté acostumbrado a la mala calidad de los documentos producidos por la Administración de Justicia. Hoy día, a nada que se ponga uno a escarbar, resulta posible encontrar indicios del putsch del general Kornilov incluso en los informes sobre una trifulca de vecindario.

Las conspiranoias septiembre son indignantes por el escarnio interesado que hacen de tanta destrucción y de tanta muerte. Pero las españolas de marzo resultan además dañinas por su potencial desestabilizador. Tras la vuelta de vacaciones los informativos que las promueven –El Mundo, La Razón, Libertad Digital- han aplicado una nueva vuelta de tuerca, peligrosísima para Zapatero, al tratamiento mediático de la mayor tragedia terrorista en toda la historia del Estado Español.

Ya no son churros cocinados por la Fiscal Olga Sánchez ni errores de sintáxis en los atestados policiales lo que se ofrece al público, sino el testimonio de presuntas víctimas, quienes, reducidas a la impotencia por la ominosa y abyecta maquinaria de una conjura fraguada desde las cloacas del estado, gimen desconsoladamente desde su ostracismo carcelario y mediático: José Emilio Suárez Trashorras, Francisco Javier Lavandera, Jamal Zougham e, in extremis, Jamal Ahmidan, alias el Chino, del cual se comienza a sospechar que ni siquiera existió, tratándose de una “identidad artificial”, similar a Lee Harvey Oswald, ensamblada a partir de los rasgos característicos de varias personas diferentes con el fin exclusivo de cargarle la autoría de los atentados.

Este gobierno de sainete que tenemos, dirigido por personajes que parecen sacados de la película “Aterriza como puedas”, no se da cuenta del apuro a que puede verse expuesto, debido a la propensión del público a ponerse siempre del lado de la víctima. Dar explicaciones y quejarse no sirve para nada. Combatir las rumorologías con argumentos, ruedas de prensa y llamamientos al civismo es como querer apagar el fuego con fuel de calefacción. Cualquier experto en relaciones públicas sabe que son necesarios otros métodos.

Un rasgo típico de los rumores es que casi siempre tienen una base real, que no corresponde a la realidad de los acontecimientos, pero que, deformada y exagerada en la mente popular, alimenta la aparición de todo tipo de historias fantásticas y morbosas en las que siempre aparece un elemento de maldad o sufrimiento extremos. Este substrato real consiste, probablemente, en una serie de incompetencias y despistes en los Cuerpos de Seguridad del Estado que impidieron detectar los horrendos crímenes que se estaban fraguando.

Una comisión de investigación independiente, como la constituida en EEUU por iniciativa no de las autoridades sino de los propios familiares de las víctimas del 11-S, ayudaría sin duda a atajar los rumores conspirativos, asi como a arrojar una luz más clara sobre lo que sucedió realmente el 11 de marzo de 2004. En este sentido los más de 1.500 heridos de la masacre, que en la actualidad se sienten abandonados por la administración y los medios, representan una posibilidad no aprovechada, que en un futuro podría darnos alguna sorpresa.

Por lo demás el gobierno lo tiene fácil a la hora de neutralizar a toda ese piquete de gacetilleros de aluvión que se pasa los fines de semana junto a la máquina de café de la redacción de El Mundo, royendo el sumario del Juez del Olmo. Un golpe de efecto se contrarresta no con editoriales de El País, ni con pucheritos de la Vicepresidenta, ni con airadas manifestaciones de indignación en la blogosfera progresista, sino con demostraciones contundentes.

Pídanse a CAF media docena de vagones similares a los que componían los trenes y háganse pruebas periciales con explosivos del mismo tipo que los hallados por la policía. Cuando el mundo entero vea abrirse esos siniestros y redondos boquetes en los costados de los vehículos y el gobierno ofrezca una pingüe recompensa a quienes delaten a los que pusieron en marcha todo este carrusel de difamaciones y leyendas (el que los encuentren o no da igual para el efecto que se persigue), entonces, y solamente entonces, los gacetilleros callarán.

igandekoa @ 09:09
Clasificado bajo: Inclasificable


6 comentarios acerca de 'Conspiranoias de septiembre, conspiranoias de marzo'

  1.  
    miércoles, 13 de septiembre de 2006 | 09:35
     

    Patxi, ¿te crees algo de las teorías conspiranóicas de “El Mundo”? El problema del PP es que este periódico lo está arrastrando a apoyar un culebrón, que si bien al principio podía tener interés en hacerlo, ahora no pueden salir de él fácilmente, y cada vez huele peor la cosa, y no para el gobierno precisamente.

  2.  
    miércoles, 13 de septiembre de 2006 | 09:51
     

    Información de interés sobre la conspiración 11-M:

  3.  
    miércoles, 13 de septiembre de 2006 | 10:18
     

    No me creo las teorías conspiranoicas de El Mundo: por eso escribí este artículo. Y desde luego que el gobierno lo tiene mal si sigue reaccionando con una gestión tan torpe de esta crisis. Espera si no a que comience el juicio. En menos de un cuarto de hora Jamal Zougham estará en la calle por falta de pruebas. Entonces la gente, ¿qué pensará? ¿Que aquello también es culpa de Rajoy? No precisamente.

    Por esto es tan importante que se reanude la investigación y el gobierno haga pruebas de voladura con los trenes. Después de esto sí se vería claramente hasta qué punto la oposición ha estado manipulando y tergiversando. Lo contrario supone hacer como los avestruces, meter la cabeza en tierra hasta que pase el peligro.

    Un saludo,
    Igandekoa

  4.  
    miércoles, 13 de septiembre de 2006 | 11:58
     

    Mercè: precisamente para que la gente se dé cuenta de todo eso que dice El País es por lo que necesitamos una nueva comisión investigadora y las pruebas con los explosivos. ¿Qué hay de malo en ello?

  5.  
    miércoles, 13 de septiembre de 2006 | 13:34
     

    Es todo tan absurdo e incoherente que no vale la pena ni molestarse en negarlo.

  6.  
    miércoles, 13 de septiembre de 2006 | 16:23
     

    Demostraciones contundentes merce: es tan fácil como eso. Yo también las quiero.

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