Me la encontré paseando sola en el lugar y momento más inoportuno: en un paso de cebra justo cuando el semáforo iba a ponerse verde. El semáforo que cambia, el coche que arranca a toda velocidad y el ala de la paloma que queda pegada al suelo tras ser arrollada por el auto. Allí intenta volar insistentemente pero el ala torcida no le deja, no deja de darse golpes contra el suelo en su intento por escapar de lo que venía a continuación: más coches. Cuando vuelvo no es más que una mancha de plumas y sangre en mitad de la carretera.
A nadie parecía importarle.
Una vida que se apaga. Todos estamos formados por materia que alguna vez estuvo en una estrella, nos dijo Carl Sagan. Tal vez volverá a ella.