Tras elecciones, denuncias, recuentos, apelaciones, impugnaciones, y nuevos recuentos, el Tribunal Electoral del Poder Judicial ha hablado: descarta de forma unánime que vaya a cambiar el resultado final de los comicios mexicanos, según palabras de El Mundo. El vencedor sería el candidato conservador Felipe Calderón.
Pero a pesar del fallo del máximo tribunal electoral que confirma el recuento oficial que ya se hiciera en el mes de julio, a pesar de que organismos nacionales e internacionales, entre ellos observadores de la Unión Europea, den como buena, correcta, y legal la -apretadísima- victoria de Calderón, el candidato izquierdista, López Obrador, no piensa igual.
¿Qué hace falta para que este hombre acepte un resultado electoral? ¿Salir victorioso en el mismo? Clama ahora sobre la “sumisión” de los jueces a “un grupo de privilegiados y de extremistas de derecha”, de “vergüenza de la historia nacional”, “violación al orden constitucional” y, lo que es más gracioso, de “golpe de Estado”.
Por ello, se plantea la creación de un “gobierno de resistencia durante el tiempo que dure la imposición”. Esto es, durante el tiempo en que unos resultados que parecen finalmente ser válidos, cambien. ¿Acaso no es esto una forma de golpe de Estado, con la creación de un gobierno contrario al elegido democráticamente en las urnas?
Pues no. Es su respuesta a la imposición y usurpación que considera han sido las elecciones. Pero no es una imposición, ni una usurpación, no. Tiene un nombre bien sencillo: democracia. Y es lo que hace que, dado que un candidato tiene más votos que otro, aquel sea el que sea nombrado vencedor. Y, salvo que un tribunal -y tras el anuncio del TEPJ, no parece que vaya a ocurrir- demuestre en un futuro lo contrario, al señor Obrador no le queda otra salvo joderse, y aceptar su derrota.
O, por el contrario, mostrar lo que verdaderamente piensa sobre la democracia…
Me llama la atención el contraste entre la rección de López Obrador y la que tuvo Al Gore en las elecciones de 2000. También perdió de forma ajustada y también sonaron quejas bastante fuertes sobre el recuento. Pero asumió su derrota sin decir barbaridades.