Tom y Jerry, la serie de dibujos animados creada en los años 40 por Hanna-Barbera, y la campaña contra el tabaco, unidas de la mano tras una queja de un espectador, ofendido porque en dos episodios de la serie aparecía el -malvadísimo- hábito de fumar.
En uno de ellos, Tennis Chumps, de 1949, el gato Tom juega un partido de tenis contra un rival que está fumando un puro. En el segundo, Texas Tom, de 1950, el gato se fuma un cigarrillo, intentando así ligarse a una felina. OFCOM, oficina reguladora de las industrias de comunicación del Reino Unido, informó a Turner Entertainment, la propietaria de la cadena Boomerang donde se emite la serie, y se llevó a cabo una “extensa investigación” para analizar el trato del tábaco que hay en los dibujos.
Como resultado, Turner ha propuesto que se edite cualquier escena o referencia en la serie en la que el consumo de tabaco parezca “justificado, aceptable o glamouroso o anime a ser imitado“.
La corrección política más barata avanza al galope, y se cobra una nueva víctima: los dibujos animados clásicos. En un época en la que la violencia más gratuita, el lenguaje más vulgar, y un horario inadecuado son reinas en todas las cadenas, a todas horas, un gato fumando es algo intolerable, indigno, no recomendable para que lo vea niño alguno. Hay que ver lo que se preocupan por los más pequeños, los malnacidos estos.
Y esto lo dice alguien que, en su infancia, devoraba los episodios de esa serie. Y que, miren por donde, no fuma.
A mí lo que me llama la atención es que estamos hablando de episodios que tienen más de 50 años. ¿Realmente sigue emitíendose eso? ¿Lo ve algún niño hoy día? ¿No está esa serie cerca de ser considerada una reliquia del siglo pasado? ¿No era ésta la generación de los ataques epilépticos con Pokemon y demás?