El Partido Popular y la prensa conservadora se escandalizan por la imagen de Zapatero con un pañuelo palestino puesto sobre los hombros. Con sus críticas, equiparan a los palestinos, a todos, con el terrorismo. También llaman “antisemita” al presidente del Gobierno por sus duras críticas a la brutal campaña de bombardeos de Líbano. Los expertos de sofá le hacen el trabajo sucio a la embajada israelí. Por primera vez desde el restablecimiento de relaciones entre los dos países, los diplomáticos de ese país, acostumbrados a remar contra corriente, ya no se sienten tan solos.
Nunca antes se había visto nada parecido en España. Criticar los bombardeos sobre zonas civiles, sin negar el derecho de Israel a la legítima defensa, sin adjudicar a los judíos ninguna condición despreciable por el hecho de serlo (un rasgo habitual del racismo), se ha convertido en una forma de antisemitismo.
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