Muelles colchón

Publicado el Sábado, 20 de Mayo de 2006

Los muelles del colchón, que se clavaban día a día en su espalda, terminaron despertándole otro día más. El alcohol consumido la anterior noche le sacudía a cada momento su cansada cabeza… había bebido demasiado. Claro, que él casi cada día bebía demasiado.

Ya hacía un buen tiempo que buscaba un distanciamiento de la cruel -según él- realidad. El enrolarse en una secta era ya una de las experiencias de su pasado, y los centros de desintoxicación no le eran en absoluto ajenos. La máxima ayuda que el gobierno le prestaba eran visitas periódicas al loquero, que sólo le recetaba antidepresivos. Pasaba de tomar esa basura.

Esos pensamientos terminaron por hacerle llorar sobre la cama. Con la cara aún pegada sobre la almohada, sentía como ésta, poco a poco, se iba mojando por sus lágrimas. Las cosas nunca debieron de haber salido así, y pocos podrían esperar que así saliesen.

Ahora vivía en un cuchitril, húmedo y mohoso, en un barrio de mierda de la ciudad. ¿Por qué, por qué te ríes de mí? - Preguntaba a ese a quien muchos llaman Dios. Pero, ¿qué otra cosa podría hacer? No creía en Dios, al menos así afirmaba él. Pero alguien tenía que ser culpable de su desgracia.

Pero, ¿a qué venía eso? Él ya se encontraba muerto. Nada lo motivaba, nada parecía importarle, todo le aburría, todo le entristecía. Ahora lo único que le quedaba era dolor, por haber sido testigo de su transformación en lo que era hoy. De lo que más despreciaba, lo que más le repugnaba era el mirarse a su espejo cada día. Donde los demás veían una cara cansada y dormida, él sentía odio, rabia, violencia…

Pero algo le decía que hoy su vida sería víctima de un vuelco de ciento ochenta grados. Aunque pensar en eso no le causaba gran alegría, al menos de momento. De un salto se levantó de la cama, y vio cómo un rayo de luz que lograba filtrarse por las cortinas de la única ventana de su piso iluminaba la esquina superior izquierda del marco de una foto. Una foto que ya estaba allí el día que él llegó.

Se dirigió al baño. Vio la misma cara, la misma mirada -retadora, destructiva- que hacía que se le revolviesen los cinco sentidos que poseía, pidiendo descargar su ira sobre alguien. Pero hoy era un buen día para cambiar. Hoy era el día en el que cumplía 23 tacos. Edad, según el y sus recientes concusiones, ideal para redirigir el rumbo de su vida. En poco tiempo buscaría un nuevo trabajo en un nuevo lugar, dejando el piso en el que ahora habitaba y la mierda de curro con salario mínimo en el que estaba.

Hoy mismo, o como muy tarde mañana, su familia -que no sabía nada de él desde hacía dos años- recibiría noticias suyas. Y hoy le confesaría a su novia, con la que había discutido mucho últimamente, que la quería, por mucho que él lo negase. Y que se tendrían que separar un tiempo, por el bien de los dos.

Su familia. Al pensar en ella, instintivamente se dirigió a la fría despensa, donde días atrás había depositado un paquete certificado de sus padres, que no se molestó en abrir siquiera. Al hacerlo, vio una corbata de nailon, gris, con rayas negras… Tanta ilusión puesta en él, y tanta decepción dada a cambio. Él podría haber sido alguien grande, brillante, pero su estupidez, y las cosas de la vida le habían traído a donde hoy estaba. Pero, a sus 23 años, había llegado el momento de terminar con una vida así.

Media hora después, Yolanda entraba apresuradamente al bloque de viviendas donde vivía su amor. Las discusiones que había sufrido la pareja recientemente no la habían desanimado en absoluto, y tenía esperanzas de que todo cambiaría a mejor. Le traía un regalo elegido desde hacia unos meses, sabiendo con certeza que le gustaría. Pero éste se estrelló contra las escaleras, rompiendo la estatuilla mitológica en setecientos tres pedazos, como el corazón, mente y razón de la enamorada.

Antes de cerrar los ojos y gritar de dolor, pudo ver unos pies muy familiares colgando en el hueco de la escalera. Moviéndose de manera acompasada. Izquierda, centro, derecha, centro…

E. Dolmance @ 4:09 pm
Clasificado bajo: Relatos


4 comentarios acerca de 'Muelles colchón'

  1.  
    yo
    21 de Mayo de 2006 | 12:53 pm
     

    buen relato aun con su tragico final.
    Saludos

  2.  
    Alexis
    25 de Mayo de 2006 | 1:22 am
     

    Este ya lo leí, rubiales. Consigues bien el dramatismo, pero demasiado corto como para crear agonía, que creo que es una de las cosas que intentas transmitir. Si quieres que el lector sufra, no le des textos rápidos.

    Eso en cuanto a lo meramente “metaliterario”, en cuanto a guión… bueno, la vida nunca fue bonita, y apoyo todo lo que desvele la verdad a esa masa de idiotas con vagina que l oven todo rosa.

  3.  
    E. Dolmance
    25 de Mayo de 2006 | 1:23 am
     

    Eh, que al final hay esperanza…

Deja tu comentario

(obligatorio)

(obligatorio)


Aviso a navegantes

Se asume que todos los mensajes serán escritos con la debida educación y madurez que se presupone a los miembros de la comunidad internauta. No se tolerará el insulto gratuito.

Tu dirección de correo no será nunca mostrada. Utiliza los botones inferiores para añadir cursivas, negritas y enlaces a tu comentario.


RSS de los comentarios | URI para TrackBack