El poder es como un explosivo: o se maneja con cuidado, o estalla.

Katmandú, Nepal. Decimoctavo día de protestas en la capital, que han llegado a concentrar a entre 300.000 y medio millón -una tercera parte de la población total de la ciudad- de personas. Los manifestantes piden el último empujón para terminar con el reino autócrata del monarca Gyanendra, ese rey que ocupó el trono tras el baño de sangre que acabó con la mitad de su familia, que terminó con las reformas constitucionales comenzadas por su hermano, el rey Birendra; ese rey que ha tomado como costumbre desmantelar gobiernos, y asumir personalmente todo el poder político.
Ese rey que no supo manejar con cuidado el poder, y que ahora lo está viendo estallar.
Rey o dictador ¿cual es la diferencia?, mientras el pueblo nepali siga siendo apaleado por pedir democracia y la comunidad internacional no mueva un dedo, me parece que el rey seguirá tan tranquilo apoltronado en su palacio.
Pues hasta ahora, han conseguido que se restaure el parlamento, que no es poco.