He probado a escribir algo propio, a plantear el tema desde una nueva perspectiva. He tratado de enfrentarme a él sin caer en tópicos, sin repetir lo que mil veces ha sido escrito. Pero me resulta imposible. Me resulta imposible discurrir acerca de un acontecimiento, tan fundamental en la historia reciente de la nación -con permiso de algunos- española, a la vez que tan prostituido por revisionismos baratos, conspiranoicos varios, y modas pasajeras similares.
Así que no, no escribiré nada propio. No me veo ni capaz, ni con derecho a hacerlo. Por lo tanto, y con su permiso, y sus disculpas, recurriré a otros para relatar aquella noche, aquellas diecisiete horas que, gracias a Dios, no hicieron sino fortalecer la, en aquél momento, joven democracia española.